sábado, 14 de maio de 2011

Los derechos de Israel


Al Jazeera

Traducido por S. Seguí


Las negociaciones entre israelíes y palestinos, que están ya en su vigésimo año, habían sido calificadas en un primer momento de históricas, al haber inaugurado un “proceso de paz” que debía resolver lo que comúnmente se conoce como el conflicto palestino-israelí. Para los palestinos y la comunidad internacional, representada por las Naciones Unidas y la miríada de resoluciones que su Consejo de Seguridad y su Asamblea General han aprobado desde 1948, lo que iba a negociarse era la colonización de las tierras, la ocupación de territorio y población, y las leyes que establecen la discriminación étnica y religiosa en Israel, que, entre otras cosas, impiden a los refugiados palestinos el regreso a sus tierras y el acceso a sus bienes confiscados. En su lucha contra estas prácticas israelíes, los líderes palestinos, ya sea en Israel, los territorios ocupados o la diáspora, siempre han invocado los derechos basados en el derecho internacional y las resoluciones de la ONU, que Israel se ha negado a aceptar o cumplir desde 1948. Así, para los palestinos, armados del derecho de las Naciones Unidas y del derecho internacional, las negociaciones tienen por objeto precisamente poner fin a la colonización, la ocupación y la discriminación.
Por otra parte, uno de los argumentos más consistentes y persistentes que el movimiento sionista e Israel han desplegado desde 1948 en defensa de la creación de Israel y sus políticas posteriores es la invocación de los derechos de Israel, que no se basan en el derecho internacional o en resoluciones de la ONU. Es ésta una distinción crucial que debe hacerse cuando palestinos e israelíes aseguran estar en posesión de derechos. Mientras que los palestinos invocan derechos que están reconocidos internacionalmente, Israel invoca derechos sólo reconocidos a nivel nacional del propio Estado de Israel. Para el sionismo, se trata de un nuevo nivel de argumentación en el que, en su desarrollo, Israel invoca no sólo principios jurídicos sino también morales.
En este terreno, Israel ha argumentado durante años que los judíos tienen derecho a establecer un estado en Palestina, que tienen derecho a establecer un estado judío en Palestina, que este estado tiene derecho a existir y derecho a defenderse, que además incluye el derecho subsidiario a ser el único país de la región que posee armas nucleares, que tiene el derecho a heredar toda la tierra bíblica que el Dios judío les prometió, y también goza del derecho a promulgar leyes que son racistas y discriminatorias en materia de religión con el fin de preservar el carácter judío del Estado, concepto articulado en la fórmula más reciente de “un estado judío y democrático”. Israel también ha insistido en que sus enemigos, incluido el pueblo palestino, a quien despoja, coloniza, ocupa y discrimina, deben reconocer todos estos derechos, sobre todo entre ellos su “derecho a existir como estado judío” como condición y elemento precursor de la paz. 

Los derechos no son negociables
Israel comenzó a invocar este derecho con vehemencia en la última década, después de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) hubiera satisfecho su demanda de principios de la década de 1970 y 1980 de que los palestinos reconocieran su “derecho a existir”. Con arreglo al derecho internacional, a los países se les reconoce su existencia de facto y de jure, pero no hay ningún principio que establezca que un país tenga “derecho a existir”, y mucho menos que otros países deban reconocer ese derecho. No obstante, la modificación introducida por Israel de esta exigencia de que otros tengan que reconocer su “derecho a existir” y su transformación en que tengan que reconocer “su derecho a existir como estado judío”, es promovida en la actualidad por todos los medios, ya que va al meollo de la razón de ser del proyecto sionista desde su creación, y apunta a la discrepancia existente entre la propia comprensión de Israel de su derecho a la realización de estos objetivos sionistas y el diferente concepto que la comunidad internacional abriga sobre ellos. Este es un asunto crucial, ya que todos estos derechos que Israel afirma poseer, pero que no son reconocidos internacionalmente, se traducen en sus derechos a colonizar la tierra de Palestina, a ocuparla y a discriminar al pueblo palestino no judío.
Israel insiste en que estos derechos no son negociables y que lo que está negociando es algo totalmente diferente, a saber, que sus enemigos deben aceptar todos sus derechos invocados de forma inequívoca como base para establecer la paz en la región y poner fin al estado de guerra. Sin embargo, los derechos que reclama Israel para sí son fundamentalmente lo que los palestinos y la comunidad internacional sostienen que son objeto de negociación, a saber, la colonización, la ocupación y la discriminación racial y religiosa. Pero estas tres prácticas, como Israel ha dejado muy claro, están protegidos como derechos autoatribuidos y no son objeto de negociación. De hecho, son aspectos fundamentales nucleares de la autodefinición misma de Israel. Negociar sobre ellos significaría anular la noción de un Estado judío. Siendo así, ¿qué cree Israel que ha estado negociando con los palestinos desde la conferencia de paz de Madrid que inauguró en 1991? Permítanme volver a la historia de estas alegaciones con el fin de entender el punto de vista de Israel y poner en claro cuál es la base de las negociaciones. 

Los derechos de Israel y los datos históricos
El movimiento sionista ha afirmado a menudo que el establecimiento de un Estado judío destinado a los judíos del mundo era una necesidad moral e histórica que debía ser protegida y consagrada por ley, algo que persiguió incansablemente durante décadas. Sin embargo, esto no significa que sus textos fundacionales emanaran de este principio jurídico o moral. De hecho, en sus dos textos básicos, El Estado judío y Vieja nueva tierra, Theodor Herzl, el padre del sionismo, no invoca en ningún momento el concepto de derechos judíos a la hora de abogar por un estado de y para los judíos, ya sea en Palestina o en Argentina, la otra ubicación que propone. Herzl habló de una solución al problema judío, pero no de un derecho. Y tampoco lo hizo el primer Congreso Sionista que Herzl convocó en 1897, de donde surgió el Programa de Basilea, que no cita ningún derecho de este tipo. Otro tanto en lo que se refiere a los tres textos fundamentales internacionales que el sionismo internacional se esforzó en lograr.
El primero, la Declaración Balfour, emitida el 2 de noviembre de 1917 por el gobierno británico, en lugar de utilizar el lenguaje de los derechos utiliza el lenguaje de la simpatía, y asegura que el gobierno británico “ve con buenos ojos” la creación en Palestina de un “hogar nacional judío”, y que su declaración es una “declaración de simpatía con las aspiraciones sionistas judías.”
Este primer texto fue seguido por el Mandato de Palestina, establecido en 1922 por el Consejo de la Liga de Naciones, que se basa en la Declaración Balfour y tampoco reconoce ningún derecho judío a un estado, ni siquiera a Palestina. Lo que sí reconocía era “la conexión histórica del pueblo judío con Palestina” como “base para reconstituir su hogar nacional en este país”, afirmando de nuevo, como antes la Declaración Balfour, que este Mandato no debe perjudicar los derechos de los no judíos.
El tercer y más importante texto, la resolución (181) de la ONU, de 1947, por la que se establece un Plan de Partición, adoptada por la Asamblea General de la ONU, procedía a partir de una exposición de motivos de orden moral, a saber, que la Asamblea General consideraba que “la situación actual en Palestina es susceptible de perjudicar el bienestar general y las relaciones amistosas entre las naciones” y por lo tanto se imponía la necesidad de proporcionar una solución al “problema de Palestina.”
Las exigencias de Israel
A diferencia de estos documentos fundacionales sionistas e internacionales, que no utilizan el lenguaje de los derechos, ya sean los internacionalmente reconocidos o los que se ha autoatribuido, el movimiento sionista insistió en su utilización en el propio documento fundacional del Estado, es decir, la denominada declaración de independencia, oficialmente titulada “Declaración del Establecimiento del Estado de Israel”. La declaración, firmada por 37 líderes judíos, 35 de los cuales eran colonos europeos, y sólo uno de los cuales había nacido en Palestina, nos proporciona una pieza de desinformación, según la cual “En el año ... 1897 ... por invocación del padre espiritual del Estado judío, Theodore Herzl, el Primer Congreso Sionista convocó y proclamó el derecho del pueblo judío al renacimiento nacional en su propio país.” Como muestra el registro documental, sin embargo, ni Herzl ni el Congreso Sionista proclamaban este derecho en absoluto. Sin embargo, la Declaración de la Independencia nos afirma que: “Este derecho fue reconocido en la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917, y fue confirmado en el Mandato de la Liga de las Naciones Unidas que, en particular, sancionó internacionalmente la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz Israel y el derecho del pueblo judío de reconstruir su Hogar Nacional ... El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución que insta al establecimiento de un Estado judío en Eretz Israel; la Asamblea General instó también a los habitantes de Eretz-Israel a adoptar las medidas que fueran necesarias de su parte para la aplicación de esa resolución. Este reconocimiento por parte de las Naciones Unidas del derecho del pueblo judío a establecer su Estado es irrevocable.”
Como ninguno de estos documentos en absoluto establecía este derecho, la imputación del mismo a dichas instancias corresponde más bien al terreno de una inversión sionista en el nuevo lenguaje de las relaciones internacionales en el que se consagró el concepto de derechos, después de la Segunda Guerra Mundial, en particular en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esto también coincidió con la aparición del discurso de los derechos en el mismo período, como forma por excelencia de formulación de reivindicaciones. De hecho, la Declaración de independencia de Israel está tan imbuida de este modo de argumentación que invoca el concepto originario de la Ilustración europea de “derechos naturales” cuando afirma en su preámbulo que “este derecho [a un Estado judío] es el derecho natural del pueblo judío a ser dueño de su propio destino, como todas las demás naciones, en un Estado soberano propio.” Los autores de la Declaración concluyen afirmando que “En virtud de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, proclamamos el establecimiento del Estado judío en Eretz Israel, que será conocido como el Estado de Israel.”
Es importante señalar aquí que la lógica de este documento es su insistencia en que su invocación del derecho de los judíos a establecer un estado judío en Palestina tiene una genealogía legal y moral clara, de la cuál no es sino su conclusión, y que este derecho se le concedió por fin “irrevocablemente” por el Plan de Partición. Que nada de esto fuera cierto no disuadió a los autores, los cuales, para hacer valer un derecho que se arrogaban, instituían ahora un modo de argumentación que sería la retórica más poderosa en el establecimiento de los hechos israelíes sobre el terreno. 

El significado del Estado judío
El Plan de Partición de la ONU el Plan era una propuesta no vinculante que nunca fue ratificada o aprobada por el Consejo de Seguridad, y que por lo tanto nunca adquirió personalidad jurídica, como los reglamentos de las Naciones Unidas requieren (aunque por lo que se refiere al pueblo palestino, las Naciones Unidas no tenían ningún derecho a ningún tipo de partición que no recaía en su capacidad, y mucho menos que lo hicieran sin consultar al pueblo palestino mismo, negándoles así el derecho a la libre determinación).
Sin embargo, es importante tener en cuenta lo que el Plan entiende por Estado judío y Estado árabe, por cuanto el gobierno israelí utiliza este documento como autorización de su creación y políticas posteriores. Para que Israel se basara en el Plan para su constitución y sus políticas, era necesario determinar si el Plan proponía que los dos estados derivados de la partición iban a ser exclusivamente judío y árabe, respectiva y demográficamente, o que sus leyes debían conceder derechos a los judíos y los árabes de un modo diferenciado y discriminar a los no judíos o no árabes. Como era de esperar, este no era el caso. A pesar de que Israel procedió a dictar una serie de leyes discriminatorias en materia racial y religiosa contra los ciudadanos árabes palestinos (de las cuales, cerca de 30 siguen existiendo en la actualidad), y comenzó la expropiación de la gran mayoría de las tierras del país propiedad de árabes palestinos, el Plan de Partición nunca propuso o autorizó a hacerlo.
Al contrario, el Plan establecía claramente que “No se procederá a discriminación de ningún tipo entre los habitantes por motivos de raza, religión, idioma o género” (capítulo 2, artículo 2) y que “no se autorizará ninguna expropiación de tierras propiedad de un árabe en el Estado judío (de un judío en el Estado árabe) ..., salvo para fines de utilidad pública. En todos los casos de expropiación, la indemnización total la fijará el Tribunal Supremo y se hará pública antes de la expropiación misma.” (capítulo 2, artículo 8). Cuando se publicó la Declaración de Independencia israelí el 14 de mayo de 1948, las fuerzas sionistas habían expulsado ya cerca de 400.000 palestinos de sus tierras, y en los meses siguientes expulsarían a otros 350.000. De esto se deduce claramente que no sólo la afirmación de Israel de establecer un Estado judío que establecía una mayoría demográfica mediante la limpieza étnica no estaba autorizada por el Plan de Partición, sino que tampoco lo estaba su pretensión de constituirse en Estado judío, en el sentido de un Estado que privilegia a los ciudadanos judíos sobre los ciudadanos no judíos legal e institucionalmente.
El Plan de Partición propuesto en el que Israel fundamenta su creación preveía inicialmente la creación de un Estado judío con una mayoría árabe, que más tarde modificó ligeramente para incluir un 45 por ciento de población árabe, y por lo tanto nunca previó un país libre de árabes, o Arabrein, como el Estado de Israel había esperado ser y como muchos judíos contemporáneos contemplan todavía hoy. De hecho, cuando Palestina se dividió en 16 distritos, de los cuales nueve se hallaban en el Estado judío previsto, los árabes palestinos eran mayoría en ocho de los nueve distritos. En ningún lugar, el uso que se hace en el Plan de Partición de la expresión Estado judío autoriza la limpieza étnica o la colonización por un grupo étnico de las tierras confiscadas a otro, especialmente en la medida en que el Plan preveía que los árabes en el Estado judío iban a ser una permanente gran minoría; y, por tanto, estipulaba los derechos que debían darse a las minorías en cada estado. Pero el hecho de que los árabes fueran una minoría grande que podía en pocos años superar a la población judía en el Estado judío era un aspecto que no se contemplaba en el Plan. Por ejemplo, el Plan no tuvo en cuenta las consecuencias del hecho de que si el nacionalismo judío era lo que definiría el Estado judío, ¿cómo podría acomodar a casi la mitad de su población que tenía una noción diferente del nacionalismo y a la que excluye de su nacionalismo estatal a priori? E incluso en el caso de que los árabes palestinos en el Estado judío no fueran adeptos al nacionalismo palestino, no podían llegar a ser, aunque lo desearan, nacionalistas judíos, ya que quedaban excluidos del nacionalismo judío ipso facto. Entonces, ¿cómo podría el Estado judío no discriminar en contra de ellos? 

Esta situación demográfica no habría sido un problema para el Estado árabe, ya que el Plan de Partición preveía que el Estado árabe tendría un mero 1,36 por ciento de población judía. Mientras que el movimiento sionista era consciente de las contradicciones del Plan de Partición y en base a ese entendimiento se había propuesto expulsar a la mayoría de la población árabe del proyectado Estado judío, no fueron capaces de hacer que el Estado fuese totalmente
 Arabrein, lo que con el tiempo les complicó las cosas. Hoy, más del 22 por ciento de la población de Israel son árabes palestinos a los que se les impide su inclusión en el nacionalismo judío y sufren de discriminación institucionalizada en su contra como no judíos. Por supuesto, si el Estado judío hubiera sido totalmente Arabrein, no habría habido necesidad de implementar leyes israelíes que discriminaran entre judíos y no judíos, entre otras la Ley del Retorno (1950), la Ley de Propiedades de Ausentes (1950), la Ley de Propiedad del Estado (1951), la Ley de Ciudadanía (1952), la Ley Estatutaria (1952), la Ley de Administración de Tierras de Israel (1960), La Ley de Construcción (1965), y la ley provisional de 2002 que prohíbe el matrimonio entre israelíes y palestinos en los Territorios Ocupados. Aquí, algunos sionistas, incluidas figuras destacadas como el historiador Benny Morris han argumentado que es la presencia de árabes en el Estado judío lo que impulsa al Estado judío a consagrar su racismo en todas estas leyes. De lo contrario, si Israel hubiera tenido éxito en expulsar a todos los palestinos, la única ley que habría necesitado para preservar su condición judíaArabrein habría sido una ley de inmigración que lo estipulara.
En última instancia, el supuesto derecho exige de Israel a establecer un Estado judío se traduce de inmediato en el derecho de los judíos a colonizar las tierras de los palestinos, lo que requiere la confiscación previa de sus tierras para que puedan ser colonizadas por judíos, la reducción del número de palestinos a través de la expulsión y la promulgación de leyes que impidan su repatriación, y la neutralización de los derechos de los no expulsados ​​a través de la discriminación institucional y legal.
Aquí es importante destacar que para los arquitectos del Plan de Partición, el Estado judío significa un estado gobernado por los nacionalistas judíos que se adhieren al sionismo, pero cuya población es casi la mitad de los árabes palestinos cuyas tierras no pueden ser confiscadas para la colonización judía y que tienen los mismos derechos que los judíos y no sufren ningún tipo de discriminación racial o religiosa. Para Israel, el significado de Estado judío es muy diferente, ya que parece implicar la expulsión de la mayoría de la población árabe, la negativa a su repatriación, la confiscación de sus tierras para la colonización exclusiva de los judíos y la promulgación de las leyes discriminatorias contra los árabes palestinos que permanecieron en el país.
Cuando Israel insiste hoy en que la Autoridad Palestina y otros países árabes reconozcan su derecho a ser un estado judío, no significa que se deba reconocer su judaísmo en la forma en que el Plan de Partición previó, sino en la forma en que Israel entiende y hace uso de esa definición sobre el terreno. Es importante señalar a este respecto que no queda claro qué entiende el presidente Obama –y el presidente Bush antes de él– cuando se exige que los árabes y los palestinos reconozcan el derecho de Israel a ser un estado judío, si el sentido previsto en el Plan de Partición o el que le atribuye Israel. 

Los derechos de los palestinos
En contraste con la reivindicación de derechos no sancionados internacionalmente por parte de Israel, los palestinos invocan una serie de derechos reconocidos por la comunidad internacional que desafían los que Israel se ha autoatribuido. Por ejemplo, los palestinos afirman su derecho a vivir en el Estado judío del que fueron expulsados, un derecho recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que afirma inequívocamente que “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país” (artículo 13 (2)), y en el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949. Por otra parte, la resolución 194 de la Asamblea las Naciones Unidas resolvió en 1949 se debía permitir que los refugiados [palestinos] que desearan regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos lo hicieran a la mayor brevedad posible, y que deberían pagarse compensaciones por las propiedades de los que decidan no regresar, y por la pérdida o daños a la propiedad que, con arreglo a los principios del derecho internacional o en equidad deben ser objeto de reparación por parte de los Gobiernos o autoridades responsables.
En 1974, la resolución 3236 de la Asamblea General, aprobada el 22 de noviembre de dicho año, declaraba que el derecho de los palestinos al regreso era un derecho inalienable. El derecho de los refugiados a regresar también se consagró en 1976 en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al declarar que “Nadie podrá ser arbitrariamente privado del derecho a entrar en su propio país” (artículo 12).
Por otra parte, los palestinos citan el Plan de Partición de Israel contra la confiscación de sus tierras para uso exclusivo de la colonización judía, así como la resolución 194, entre otras disposiciones de las Naciones Unidas, contra la confiscación por parte de un estado de la tierra de un pueblo basándose en la etnicidad. De hecho, muchos palestinos invocan los mismos instrumentos jurídicos que Israel utilizó para recuperar los bienes robados y decomisados ​​a los judíos europeos antes de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, los grupos de la sociedad civil palestina en Israel continúan luchando sin cesar contra las leyes de discriminación racial de Israel en los tribunales israelíes, hasta ahora con poco éxito.
Los derechos que Israel invoca no sólo afectan a la población palestina de Israel y a los refugiados palestinos que viven en la diáspora. A pesar de que se afirme que las negociaciones de Israel con la Autoridad Palestina se refieren únicamente a los Territorios Ocupados de Cisjordania y la Franja de Gaza –y no a Jerusalén Este–, parece que estos derechos que los israelíes invocan también se aplican a ésta ciudad. Para empezar, Israel ha insistido desde 1967 que los judíos tienen derecho a colonizar Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, y que este derecho no es negociable. En efecto, para dejar bien claro este punto y asegurarse de que no haya malentendidos, desde la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993, Israel ha más que triplicado su población de colonos judíos en Cisjordania y más que duplicado en los Territorios Ocupados, incluida Jerusalén Este, con un total de aproximadamente medio millón de colonos.
Israel sigue confiscando tierras palestinas en Cisjordania con fines colonizadores y suprime toda resistencia palestina a la colonización. Por otra parte, y además de la confiscación continuada de tierras palestinas dentro de Israel, en Jerusalén Este y en Cisjordania, Israel ha ampliado las leyes discriminatorias y promulgado nuevas con el fin de privilegiar a la población colonizadora judía en Cisjordania y Jerusalén Este en detrimento de los árabes palestinos. Esto incluye una separación tipo apartheid entre árabes y judíos, con la construcción del Muro del Apartheid, la construcción de carreteras sólo para judíos en Cisjordania, y el acceso diferenciado a los recursos hídricos, aun en los casos de confiscación de tierras, de los colonos judíos. Las Naciones Unidas han invocado el Cuarto Convenio de Ginebra y han aprobado numerosas resoluciones (la más famosa de las cuales es la resolución 446 de la ONU, aprobada en marzo de 1979) que instan a Israel a desmantelar sus asentamientos de colonos judíos y anule la confiscación de tierras, todo ello en vano. 

Los líderes israelíes sostienen que sus actividades colonizadoras no van en detrimento de su compromiso moral con la paz. Por el contrario, para Israel es obvio que es la Autoridad Palestina el culpable de la paralización de las negociaciones. El actual primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no sólo está comprometido con las negociaciones, sino que él, como sus predecesores, insiste en que las protestas de la Autoridad Palestina para detener la colonización judía deben cesar antes de iniciar las negociaciones, ya que constituye nada menos que una violación de los derechos de Israel y una imposición de condiciones previas para las negociaciones, que no puede aceptar.
Sobre la cuestión de la ocupación y de si las negociaciones pueden ponerle fin, Israel ha mantenido que su ocupación de Jerusalén Este, que inicialmente se multiplicó por doce (de 6 a 70 kilómetros cuadrados) a expensas de tierras de Cisjordania, y que recientemente se ha ampliado a 300 kilómetros cuadrados, abarcando un total del 10 por ciento de Cisjordania, es permanente y que su ocupación del valle del Jordán y de otro diez por ciento de Cisjordania que ahora se encuentra al oeste del muro del apartheid también son permanentes. Israel insiste en que las negociaciones se refieren a un reordenamiento de la naturaleza de la ocupación de lo que queda de Cisjordania que podría facilitar una forma de autonomía para los palestinos que no incluiría la soberanía pero que podría estar dispuesto a llamar Estado palestino.
Documentos recientemente filtrados a Al Jazeera han demostrado que los negociadores de la Autoridad Palestina ofrecieron más concesiones en todos estos frentes y que, a pesar de esta “flexibilidad”, los negociadores israelíes rechazaron todas las ofertas. De hecho, Netanyahu ha insistido desde la década de 1990 en que la base de las negociaciones ya no debe ser la fórmula de “paz por territorios”, sino “paz por paz”, afirmando así la negativa de Israel a poner fin a la colonización, la ocupación, o la discriminación. Más recientemente, propuso que las negociaciones tratasen de la “paz económica”, en donde su compromiso con la paz se ofrece como una postura moral que protege los derechos jurídicos autoatribuidos por Israel de estar sujetos a negociación.
Como he afirmado antes, el sionismo e Israel tienen mucho cuidado de no generalizar los principios que justifican los derechos de Israel para colonizar, ocupar y discriminar, sino que invocan con vehemencia su la defensa de ellos como subconjuntos de un principio moral excepcional. No es que ningún otro pueblo haya sido oprimido históricamente, es que los judíos han sido los más oprimidos; no es que la existencia cultural y física de ningún otro pueblo haya sido amenazada, es que la existencia cultural y física de los judíos se ve más amenazada. Esta ecuación cuantitativa es la clave de por qué el mundo, y los palestinos en particular, deben reconocer que Israel necesita y merece tener el derecho a colonizar, ocupar y discriminar. Si los palestinos, o cualquier otra persona, rechazan esto, entonces es que deben estar comprometidos con la aniquilación del pueblo judío física y culturalmente, por no mencionar su enfrentamiento al dios de los judíos. 

Negociando lo no negociable
El derecho de Israel a defenderse implica su derecho a salvaguardar sus derechos (a colonizar tierras palestinas, ocuparlas y discriminar a los no judíos) contra cualquier amenaza que pudiera poner en peligro estos derechos, sobre todo entre ellos la amenaza de las negociaciones. Su derecho a defenderse es un derecho a que se respeten estos derechos y es por lo tanto subsidiario, aunque esencial, derivado directamente de su derecho a ser un estado judío. La lógica es como sigue: Israel tiene el derecho de colonizar y ocupar la tierra palestina y de discriminar a los palestinos tanto en Israel, dentro de sus fronteras anteriores a 1967, como en los territorios adicionales que ocupó en 1967, y si esta población se resiste a estas medidas e Israel responde con la violencia militar causando numerosas víctimas civiles, Israel está simplemente defendiéndose, como es su deber.
Informado por una comprensión de sus derechos derivada de la Ilustración europea, especialmente de la tesis de John Locke sobre derechos alienables frente a derechos inalienables, con arreglo a la cual, según este autor, las poblaciones indígenas, en contraste con los colonos europeos, no tienen esos derechos, ya que viven parasitariamente de la tierra y no la mejoran, la arrogación de estos derechos por parte de Israel implica su insistencia en que los palestinos, de acuerdo con las afirmaciones de Locke, no tienen derecho a resistir. Por lo tanto, la defensa moral y jurídica que Israel hace de sí mismo se combinan en este contexto, según el cual Israel tiene derecho a colonizar y ocupar las tierras de los palestinos, y discriminar en contra de ellos basándose ​​en el principio de excepcionalidad y supremacía colonial europea, con arreglo al cual los palestinos no tienen derecho a defenderse contra el ejercicio de Israel de estos derechos autoatribuidos. Y en los casos en que los palestinos se defendieran, Israel tendría derecho a defenderse en contra de esta defensa ilegítima y contra de un ejercicio ilegítimo e inmoral de sus propios derechos .
Pero del mismo modo que Israel no tiene ningún derecho reconocido internacionalmente a colonizar, ocupar o discriminar, tampoco tiene un derecho moral o jurídico universalmente sancionado a la excepcionalidad. Así pues, el único mecanismo por el cual es capaz de hacer tales afirmaciones es la falta de rendición de cuentas a escala internacional, o más concretamente su negativa a rendir cuentas ante el derecho internacional y las convenciones legales. Esta negativa está protegida por su alianza con Estados Unidos, que veta todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que instan a Israel a rendir cuentas con arreglo al derecho internacional, haciendo así inaplicable el derecho internacional. El veto más reciente tuvo lugar el 11 de febrero de 2011, cuando el gobierno de Obama vetó una resolución, apoyada por los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad, en la que se pedía a Israel el cese de la colonización de Cisjordania y Jerusalén Este.
Es en este contexto que Israel y el Departamento de Estado de EE.UU. –con el gobierno de Bush y con el de Obama– han pasado a una velocidad superior estos últimos años, y han calificado el recurso de los palestinos a los mecanismos jurídicos y el derecho internacional para cuestionar los supuestos derechos de Israel como “guerra jurídica”, que exigen parar inmediatamente. Lo que incluye el rechazo por parte de Israel de la resolución de 2002 de la Corte Internacional de Justicia sobre la ilegalidad del Muro del Apartheid construído en Cisjordania, o las acusaciones de crímenes de guerra recogidas por la ONU en su Informe Goldstone y dirigidas contra Israel en relación con su guerra contra Gaza de 2008-2009. Es significativo que el término “guerra jurídica”, que surgió hace una década, se utilice generalmente para tipificar “el esfuerzo por conquistar y controlar pueblos indígenas mediante el uso coercitivo de medios legales.” Que Israel y EE.UU. pongan a los colonizados palestinos en posición de potencia conquistadora, y a los colonizadores judíos de Israel como indígenas da testimonio de la grave preocupación por el peligro de que los mecanismos jurídicos de impugnación representan para los supuestos derechos de Israel.
El discurso de los derechos, en sí diversos y con escaso acuerdo, no es en última instancia pertinente, y se lleva a cabo, o no, en la negociación (o no negociación) del poder político. Esto se manifiesta claramente en la continua insistencia de Israel de que sus supuestos derechos no son negociables. Con la reciente caída del régimen egipcio y la más reciente reconciliación entre Hamás y Fatah, no está claro cómo va a proceder la Autoridad Palestina (AP). El plan de ésta para obtener un reconocimiento más de un Estado palestino en la Asamblea General de septiembre próximo, incluso si tiene éxito, tendrá muy pocos resultados positivos sustanciales y bien podría tenerlos negativos. A menos que la Autoridad Palestina suspenda toda negociación y busque una reparación legal internacional mediante una creciente presión diplomática (sobre todo de los estados europeos y árabes) sobre el gobierno de EE.UU. para que se sume al consenso internacional y deje de vetar las decisiones internacionales, los derechos de Israel seguirán estando protegidos.
Lo que Israel ha estado negociando con los palestinos es la forma, los términos y la medida en que los palestinos deben reconocer sus derechos sin dar pie a equívocos. Es esta realidad la que ha caracterizado las últimas dos décadas de negociaciones con los palestinos. Las negociaciones nunca restablecerán los derechos internacionalmente reconocidos de los palestinos; por el contrario, las negociaciones que los palestinos iniciaron con Israel hace dos décadas son de un tipo en el que una de las partes, los palestinos, debe entregar todos sus derechos reconocidos internacionalmente y reconocer los derechos autoatribuidos de Israel, que no reconoce el derecho internacional o para el caso el de ningún otro país.
Sesenta y tres años después del establecimiento de la colonia judía de pobladores, una acción palestina de este tipo no sólo otorgaría legitimidad internacional a las reclamaciones israelíes, sino que constituiría, en la práctica, nada menos nada menos que el primer reconocimiento internacional de los derechos que Israel se otorga a sí mismo. Israel no necesita renunciar a nada a cambio.
Joseph Massad es profesor asociado de Política Árabe Moderna y de Historia de las Ideas en la Universidad de Columbia en Nueva York. Sus últimas publicaciones son Desiring Arabs, ( University of Chicago Press, 2007) y The Persistence of the Palestinian Question: Essays on Zionism and the Palestinians (Routledge, 2006).



HISTORY: The State of Israel

28 Nov 2010
On 14 May 1948, Israel proclaimed its independence.
Paratroopers at the Western Wall (GPO/D.Rubinger)
  
Paratroopers at the Western Wall
  
Israel was forced to defend its newly declared independence against attack by Arab armies
Israeli newspapers announce the establishment of the state
Map of 1949-1967 Armistice Lines
1949-1967 Armistice Lines

The State of Israel is born

On 14 May 1948, Israel proclaimed its independence. Less than 24 hours later, the regular armies of Egypt, Jordan, Syria, Lebanon, and Iraq invaded the country, forcing Israel to defend the sovereignty it had regained in its ancestral homeland.
In what became known as Israel's War of Independence, the newly formed, poorly equipped Israel Defense Forces (IDF) repulsed the invaders in fierce intermittent fighting, which lasted some 15 months and claimed over 6,000 Israeli lives (nearly one percent of the country's Jewish population at the time).
During the first months of 1949, direct negotiations were conducted under UN auspices between Israel and each of the invading countries (except Iraq, which refused to negotiate with Israel), resulting in armistice agreementswhich reflected the situation at the end of the fighting.
Accordingly, the Coastal Plain, Galilee and the entire Negev were within Israel's sovereignty, Judea and Samaria (the West Bank) came under Jordanian rule, the Gaza Strip came under Egyptian administration, and the city of Jerusalem was divided, with Jordan controlling the eastern part, including the Old City, and Israel the western sector.
The gates of the country were thrown open, affirming the right of every Jew to become a citizen
David Ben-Gurion
David Ben-Gurion, man of vision (GPO/K. Zoltan)
A new immigrant woman sitting with her children on their luggage at the main square of Yehud
A new immigrant woman sitting with her children on their luggage at the main square of Yehud (GPO/K. Zoltan)
State-Building

The war over, Israel focused on building the state which the people had struggled so long and so hard to regain. The first 120-seat Knesset (parliament) went into session following national elections (25 January 1949) in which nearly 85 percent of all eligible voters cast their ballots.
Two of the people who had led Israel to statehood became the country's leaders: David Ben-Gurion, head of the Jewish Agency, was chosen as the first prime minister; and Chaim Weizmann, head of the World Zionist Organization, was elected by the Knesset as the first president. On 11 May 1949, Israel took its seat as the 59th member of the United Nations.
In accordance with the concept of the 'ingathering of the exiles' which lies at the heart of Israel's raison d'être, the gates of the country were thrown open, affirming the right of every Jew to come to the country and, upon entry, to acquire citizenship. In the first four months of independence, some 50,000 newcomers, mainly Holocaust survivors, reached Israel's shores. By the end of 1951, a total of 687,000 men, women, and children had arrived, over 300,000 of them refugees from Arab lands, thus doubling the Jewish population.
The economic strain caused by the War of Independence and the need to provide for a rapidly growing population required austerity at home and financial aid from abroad.
Assistance extended by the United States government, loans from American banks, contributions of Diaspora Jews and post-war German reparations were used to build housing, mechanize agriculture, establish a merchant fleet and a national airline, exploit available minerals, develop industries and expand roads, telecommunications, and electricity networks.
Towards the end of the first decade, the output of industry doubled, as did the number of employed persons, with industrial exports increasing four-fold. Vast expansion of areas under cultivation had brought about self-sufficiency in the supply of all basic food products except meat and grains, while some 50,000 acres of mostly barren land were afforested and trees were planted along almost 500 miles (800 km.) of highways.
The educational system, which had been developed by the Jewish community in the pre-state period and now included the Arab sector, was greatly expanded. School attendance became free and compulsory for all children aged 5-14 (since 1978 it has been mandatory to age 16 and free to age 18). Cultural and artistic activity flourished, blending Middle Eastern, North African, and Western elements, as Jews arriving from all parts of the world brought with them the unique traditions of their own communities as well as aspects of the culture prevailing in the countries where they had lived for generations. When Israel celebrated its 10th anniversary, the population numbered over two million.
The 1949 armistice agreements were constantly violated
Map of Sinai Campaign 1956
Sinai Campaign 1956
1956 Sinai Campaign

The years of state-building were overshadowed by serious security problems. The 1949 armistice agreements had not only failed to pave the way to permanent peace, but were also constantly violated.
In contradiction to the UN Security Council Resolution of 1 September 1951, Israeli and Israel-bound shipping was prevented from passing through the Suez Canal; the blockade of the Straits of Tiran was tightened; incursions into Israel of terrorist squads from neighboring Arab countries for murder and sabotage occurred with increasing frequency; and the Sinai peninsula was gradually converted into a huge Egyptian military base.
Upon the signing of a tripartite military alliance by Egypt, Syria and Jordan (October 1956), the imminent threat to Israel's existence was intensified. In the course of an eight-day campaign, the IDF captured the Gaza Strip and the entire Sinai Peninsula, halting 10 miles (16 km.) east of the Suez Canal.
A United Nations decision to station a UN Emergency Force (UNEF) along the Egypt-Israel border and Egyptian assurances of free navigation in the Gulf of Eilat led Israel to agree to withdraw in stages (November 1956 - March 1957) from the areas taken a few weeks earlier. Consequently, the Straits of Tiran were opened, enabling the development of trade with Asian and East African countries, as well as oil imports from the Persian Gulf.
The second decade
Concrete pipe section of the National Water Carrier
Concrete pipe section (108" diameter) of the National Water Carrier (Courtesy Central Zionist Archives)
Years of Consolidation

During Israel's second decade (1958-68), exports doubled, and the GNP increased some 10 percent annually. While some previously imported items such as paper, tires, radios, and refrigerators were now being manufactured locally, the most rapid growth took place in the newly established branches of metals, machinery, chemicals, and electronics. Since the domestic market for home-grown food was fast approaching the saturation point, the agricultural sector began to grow a larger variety of crops for the food processing industry as well as fresh produce for export. A second deep-water port was built on the Mediterranean coast at Ashdod, in addition to the existing one at Haifa, to handle the increased volume of trade.
In Jerusalem, a permanent home for the Knesset was built, and facilities for the Hebrew University and the Hadassah Medical Center were constructed on alternative sites to replace the original buildings on Mount Scopus, which had to be abandoned after the War of Independence. At the same time, the Israel Museum was established with the aim of collecting, conserving, studying, and exhibiting the cultural and artistic treasures of the Jewish people.
Israel's foreign relations expanded steadily, as close ties were developed with the United States, British Commonwealth countries, most western European states, nearly all the countries of Latin America and Africa, and some in Asia. Extensive programs of international cooperation were initiated, as hundreds of Israeli physicians, engineers, teachers, agronomists, irrigation experts, and youth organizers shared their know-how and experience with people in other developing countries. In 1965 ambassadors were exchanged with the Federal Republic of Germany, a move which had been delayed until then because of the Jewish people's bitter memories of the crimes committed against them during the Nazi regime (1933-45). Vehement opposition and public debate preceded normalization of relations between the two countries.
Nazi war criminal Adolf Eichmann on trial in Jerusalem
Nazi war criminal Adolf Eichmann on trial in Jerusalem (GPO/J. Milli)

Eichmann trial transcripts
Eichmann trial videos


The Eichmann Trial: In May 1960, Adolf Eichmann, the chief of operations of the Nazi murder program during World War II, was brought to the country to stand trial under Israel's Nazis and Nazi Collaborators (Punishment) Law (1950).
In the trial, which opened in April 1961, Eichmann was found guilty of crimes against humanity and the Jewish people and sentenced to death. His appeal to the Supreme Court was rejected and he was hanged on 30 May 1962. This was the only time that the death penalty has been carried out under Israeli law.
As Israel's neighbors prepared to destroy the Jewish state, Israel invoked its right of self-defense
Map of ceasefire lines after the Six-Day War, 1967
Ceasefire lines after the Six-Day War, 1967
Paratroopers at the Western Wall
Paratroopers at the Western Wall (GPO/D.Rubinger)
1967 Six-Day War

Hopes for another decade of relative tranquility were dashed with the escalation of Arab terrorist raids across the Egyptian and Jordanian borders, persistent Syrian artillery bombardment of agricultural settlements in  northern Galilee, and massive military build-ups by the neighboring Arab states. When Egypt again moved large numbers of troops into the Sinai desert (May 1967), ordered the UN peacekeeping forces (deployed since 1957) out of the area, reimposed the blockade of the Straits of Tiran, and entered into a military alliance with Jordan, Israel found itself faced by hostile Arab armies on all fronts.
As Israel's neighbors prepared to destroy the Jewish state, Israel invoked its inherent right of self-defense, launching a preemptive strike (5 June 1967) against Egypt in the South, followed by a counterattack against Jordan in the East and the routing of Syrian forces entrenched on the Golan Heights in the North.
At the end of six days of fighting, previous cease-fire lines were replaced by new ones, with Judea, Samaria, Gaza, the Sinai peninsula, and the Golan Heights under Israel's control. As a result, the northern villages were freed from 19 years of recurrent Syrian shelling; the passage of Israeli and Israel-bound shipping through the Straits of Tiran was ensured; and Jerusalem, which had been divided under Israeli and Jordanian rule since 1949, was reunified under Israel's authority.

From War to War

After the war, Israel's diplomatic challenge was to translate its military gains into a permanent peace based on UN Security Council Resolution 242, which called for acknowledgment of the sovereignty, territorial integrity, and political independence of every state in the area and their right to live in peace within secure and recognized boundaries free from threats or acts of force.
However, the Arab position, as formulated at the Khartoum Summit(August 1967) called for no peace with Israel, no negotiations with Israel, and no recognition of Israel. In September 1968, Egypt initiated a 'war of attrition,' with sporadic, static actions along the banks of the Suez Canal, which escalated into full-scale, localized fighting, causing heavy casualties on both sides. Hostilities ended in 1970, when Egypt and Israel accepted a renewed cease-fire along the Suez Canal.

1973 Yom Kippur War

Three years of relative calm along the borders were shattered on Yom Kippur (Day of Atonement), the holiest day of the Jewish year, when Egypt and Syria launched a coordinated surprise assault against Israel (6 October 1973), with the Egyptian Army crossing the Suez Canal and Syrian troops penetrating the Golan Heights.
During the next three weeks, the Israel Defense Forces turned the tide of battle and repulsed the attackers, crossing the Suez Canal into Egypt and advancing to within 20 miles (32 km.) of the Syrian capital, Damascus. Two years of difficult negotiations between Israel and Egypt and between Israel and Syria resulted in disengagement agreements, according to which Israel withdrew from parts of the territories captured during the war.

1982 Operation Peace for Galilee

Israel has never wanted a conflict with its northern neighbor, Lebanon. However, when the Palestine Liberation Organization (PLO) redeployed itself in southern Lebanon after being expelled from Jordan (1970) and perpetrated repeated terrorist actions against the towns and villages of northern Israel (Galilee), which caused many casualties and much damage, the Israel Defense Forces crossed the border into Lebanon (1982).
"Operation Peace for Galilee" resulted in removing the bulk of the PLO's organizational and military infrastructure from the area. For the next 18 years, Israel maintained a small security zone in southern Lebanon adjacent to its northern border to safeguard its population in Galilee against attacks by hostile elements.

TERRORISM
Arab and Palestinian terrorism against Israel existed for decades prior to the establishment of the State of Israel and since then. Thousands of terrorist attacks which resulted in the death and injury of Israeli civilians occurred during the two decades preceding the 1967 Six Day War (which led to Israel's presence in the territories). The establishment of the PLO in 1964 put it at the forefront of this terrorist campaign.
During the 1970s and 1980s, the various terrorist organizations under the PLO launched numerous attacks inside Israel and abroad. One of the most notorious attacks was the murder of 11 Israeli athletes at the Munich Olympics in 1972.
In spite of the Palestinian commitment made in 1993 to renounce terrorism, thus providing the basis for the Palestinian-Israeli peace process, terrorist attacks nonetheless continued, and strongly intensified since September 2000, resulting in the death of more than a thousand Israeli civilians and the wounding of many thousands more.
The cycle of Arab rejection of Israel's appeals for peace was broken
Egyptian President Sadat, US President Carter and Israeli Prime Minister Begin
Egyptian President Sadat, US President Carter and Israeli Prime Minister Begin (Photo: GPO/S.Tal)
Prime Minister Yitzhak Rabin and King Hussein of Jordan
Prime Minister Yitzhak Rabin and King Hussein of Jordan (Photo: GPO/Y.Sa'ar)
Peace with Egypt and Jordan (map)
Peace with Egypt and Jordan
From War to Peace

The 1977 Knesset elections brought the Likud bloc (a coalition of right-wing and centrist parties) to power, ending almost 30 years of Labor Party dominance. The new prime minister, Menachem Begin, reiterated the commitment of all previous prime ministers to strive for permanent peace in the region and called upon the Arab leaders to come to the negotiating table.
The cycle of Arab rejections of Israel's appeals for peace was broken with the visit of Egyptian President Anwar Sadat to Jerusalem (November 1977), followed by negotiations between Egypt and Israel under American auspices. The resulting Camp David Accords (September 1978) contained a framework for a comprehensive peace in the Middle East, including a detailed proposal for self- government for the Palestinians.
On 26 March 1979, Israel and Egypt signed a peace treaty in Washington, DC, bringing the 30-year state of war between them to an end. In accordance with the terms of the treaty, Israel withdrew from the Sinai peninsula, exchanging former cease-fire lines and armistice agreements for mutually recognized international boundaries.
Three years of talks between Jordan and Israel, following the 1991 Madrid Peace Conference, culminated in a declaration by King Hussein of the Hashemite Kingdom of Jordan and Prime Minister Yitzhak Rabin (July 1994), which ended the 46-year state of war between their two countries. The Jordan-Israel peace treaty was signed at the Arava border crossing (near Eilat in Israel and Akaba in Jordan) on 26 October 1994, in the presence of American President Bill Clinton.
Domestic Challenges

During the 1980s and 1990s, Israel absorbed over one million new immigrants, mainly from the former Soviet Union, Eastern Europe, and Ethiopia. The influx of so many new consumers, as well as a large number of skilled and unskilled workers, boosted the economy into a period of accelerated expansion.
The government that came into power after the 1984 Knesset elections was made up of the two major political blocs - Labor (left/center) and Likud (right/center). It was replaced in 1988 by a Likud-led coalition, which was followed in 1992 by a coalition of Labor and smaller left-of-center parties.
After the assassination of Prime Minister Yitzhak Rabin in 1995, new elections were called in 1996. In direct elections for Prime Minister,Benjamin Netanyahu came to power, and formed a Likud-led coalition. Less than three years later, his government was defeated.
Every year, Israel holds a special commemoration to mark the anniversary of the assassination of Prime Minister Yitzhak Rabin. His murder on 4 November 1995 by a Jewish extremist plunged the country into deep mourning for the soldier-statesman, who had traveled from the battleground to lead the nation on the road to peace.
In 1999, Ehud Barak, leader of the One Israel party (left/center), was elected Prime Minister, and formed a coalition government; he resigned in December 2000. Ariel Sharon, leader of the Likud, was prime minister from early 2001 until he suffered a stroke in early 2006. Ehud Olmert, head of the Kadima Party formed by Sharon in November 2005, succeeded him as prime minister.
Following the resignation of Ehud Olmert, Benjamin Netanyahu was elected as prime minister in early elections held in February 2009, and formed a broad-based coalition government.
Each government worked towards the achievement of peace, economic development, and immigrant absorption according to its own political convictions.

ECONOMY: Sectors of the Israeli Economy
http://www.mfa.gov.il/MFA/Facts+About+Israel/Economy/ECONOMY-+Sectors+of+the+Economy.htm

28 Nov 2010
Dead Sea Magnesium Factories (Courtesy: Israel Chemicals Ltd.)
  
Dead Sea Magnesium Factories
  
Tel Hai industrial park
Tel Hai industrial park (Courtesy: Tefen Industrial Park)
Industry

Israel is today an industrialized country with most of its manufacturing, including many traditional fields, based on intensive and sophisticated research & development and hi-tech processes, tools, and machinery. This is the outcome of very rapid and intensive development.
Today's dynamic, widely diversified industrial sector was developed from small workshops, originally established since the end of the 19th century to manufacture farm implements and process agricultural products. Two incentives brought about the initial transformation of these workshops into more modern factories - the immigration of entrepreneurs and experienced engineers from Germany in the 1930s and the increasing demand for industrial products during World War II (1939-45) as the Allied forces in the region required various commodities, especially clothing and canned foods, and the region needed products that could not be imported from Europe because of the war.
Until the 1970s, traditional industries - such as food processing, textiles and fashion, furniture, fertilizers, pesticides, pharmaceuticals, chemicals, rubber, plastic, and metal products - provided most of the country's industrial output. In that period most resources were directed toward developing agriculture, food production and processing, laying infrastructure, and providing quick employment of many unskilled immigrants.
The next phase of industrialization concentrated on developing and manufacturing arms needed for the defense of the country. It was accelerated because of arms embargoes that endangered the nascent state. The vast investment in aviation and armament industries created new technologies that became the base for Israel's unique hi-tech industries, such as medical devices, electronics, computer software and hardware, telecommunications, etc. In the 1980s, Israelis who worked in the Silicon Valley returned to Israel, opening development centers of multinational companies such as Intel, Microsoft, IBM, and others. In the 1990s a highly skilled immigration of scientists, engineers, technicians, and medical workers from the former Soviet Union enabled the upgrading of Israel's industry to its current level of sophistication, with its array of export products.
Due to its lack of natural resources and raw materials, Israel's one advantage is its highly qualified labor force, scientific institutes, and R&D centers. Today Israeli industry concentrates mostly on manufacturing products with high added value, by developing products based on Israel's own scientific creativity and technological innovation.
Major indicators by economic branch - 2006
Unlike most developed economies, in which the number of persons employed in industry remained stable or diminished during the early 1990s, their number in Israel continues to grow, with more than 25 percent of the industrial workforce employed in hi-tech manufacturing.
In the past two decades, industrial output has made international-level strides in the fields of medical electronics, agro-technology, telecommunications, fine chemicals, computer hardware and software, as well as diamond cutting and polishing. In 2008, the manufacturing industry employed 384,000 persons (among them, the rate of those with higher education was second only to that of the work forces of the US and Holland). There were 11,000 industrial plants that produced an output of over $58 billion - more than half of which was exported.
Hi-Tech Industries

The fastest growth rates (averaging 8 percent annually in recent years) are to be found in the hi-tech sectors. These sectors are skill and capital intensive and require sophisticated production techniques, as well as considerable investment in research and development, on which 4.9 percent of Israel's GDP is spent - the highest among OECD countries. The quality of this R&D in Israel is ranked, according to U.N. experts, among the first 10 in the world. A successful contribution to all these is due to academic research institutes, which provide much of the basic R&D, and venture capital.
The significance of hi-tech industries' growth may be illustrated by their having accounted for only 37 percent of the industrial product in 1965, a rate that grew to 58 percent in 1985 and around 70 percent in 2006.
Almost 80% of hi-tech products are exported, while the more traditional, low-tech firms export only close to 40 percent of their product. Hi-tech exports quadrupled from $3 billion in 1991 to $12.3 billion in 2000 and to $29 billion in 2006 (plus another $5.9 billion of hi-tech services exported). In 2009, the product of ICT (information and communications technology, a major part of hi-tech industry) amounted to $19 billion. Contributing 17.3 percent of the business sector GDP, it employed 204,000 persons, and its exports were close to $16 billion. Over 90 percent of the public budgets for R&D ($7 billion in 2006) are allocated to hi-tech industries, much of which is channeled via joint venture capital funds.
In recent years, the government has been collecting fair dividends on its shares in these funds, over and above repayment of loans granted to successful start-up companies. In addition to the six binational foundations mentioned earlier, Israel has agreements for joint funding of R&D projects with the US, Canada, Italy, Belgium, Austria, France, Sweden, Germany, Holland, Ireland, Portugal, Spain, Hong Kong, India, Turkey and China.
The age of information technology (the Internet, electronic commerce, etc.) placed Israel's economy, and particularly its hi-tech industries, in the forefront of world development in these fields. A number of internationally recognized Israeli companies have been bought by top business conglomerates in multi-billion dollar transactions. The number of new start-ups is very high due to the extraordinary innovative talent in Israel, coupled with the availability of highly skilled manpower. The growing presence of Israeli firms on Wall Street and the European stock exchanges is yet another manifestation of the respect with which Israel's hi-tech industry is regarded.
Israel's Diamond Industry

Israel is a leading world diamond manufacturing and trading center. The main reason is that the Israeli diamond industry is as multi-faceted as its diamonds. The Israeli diamond is synonymous with trust and reliability, and it is guaranteed to be conflict-free and genuine.
In addition, the Israeli diamond industry is a world leader in both cutting-edge technologies and craftsmanship, thus ensuring the best yield of polished diamonds from the rough. The large inventory of local production as well as tax-free rough and polished imports ensure competitive prices. The Israel Diamond Exchange is the largest diamond trading floor in the world, housing all of the operational functions and needs of every diamond buyer under one roof.
In 2008 diamond exports amounted to $9.4 billion. Although the industry was badly hurt by the recession during the course of 2009, preliminary data shows that global demand picked up during 2010 and that export levels resumed their previous levels.
During 2009 Israel exported most of its diamonds to the US, with a similar number being sent to Hong Kong. Other important customers are Belgium and Switzerland.
Advanced irrrigation methods
Advanced irrrigation methods (Photo: Shai Ginott)
Agriculture

Israel’s agricultural sector is characterized by an intensive system of production stemming from the need to overcome the scarcity in natural resources, particularly water and arable land. The constant growth in agricultural production is due to the close cooperation between researchers, farmers, and agriculture-related industries. Together they develop and apply new methods in all agricultural branches. The result is modern agriculture in a country more than half of whose area is desert.
As Israeli farmers and scientists have had to contend with a difficult environment and limited water resources, their experience is especially relevant to the developing world. Its success lies in the determination and ingenuity of farmers and scientists who have dedicated themselves to developing a flourishing agriculture, demonstrating to the world that the real value of land is a function of how it is utilized. The close cooperation between R&D and industry led to the development of a market-oriented agri-business that exports agro-technology solutions - particularly water solutions - world wide.
Agriculture in Israel is the success story of a long, hard struggle against adverse conditions and of making maximum use of arable land and scarce water (including from modern desalinization plants, the know-how of which is a winning export story). When Jews began resettling their historic homeland in the late 19th century, their first efforts were directed - mostly for ideological reasons - to turning barren land into fertile fields. The secret of Israel's present agricultural success lies in the close interaction between farmers and government-sponsored researchers, who cooperate in developing and applying sophisticated methods in all agricultural branches, as well as technological advancement, new irrigation techniques, and innovative agro-mechanical equipment.
Since Israel attained independence in 1948, the total area under cultivation has increased by a factor of 2.6, to approximately 1.1 million acres. The irrigated land area increased by a factor of 8, to about 0.6 million acres until the mid 1980s; however, owing to the growing shortage of water, coupled with intensive urbanization, this is now less than half a million acres. During the past half century the number of agricultural settlements grew from 400 to 750, but the share of the population living in them has fallen from 12 percent to less than 5 percent.
Today, most of Israel's food is domestically produced and supplemented by imports, mainly of grain, oilseeds, meat, coffee, cocoa, and sugar, all of which are more than covered by agricultural exports. Farm production consists largely of dairy and poultry products. Additionally, a large variety of flowers, fruit, and vegetables is locally grown, especially in warm areas that give farmers an early advantage in European markets. During the winter months, Israel is Europe's greenhouse, exporting melons, tomatoes, cucumbers, peppers, strawberries, kiwis, mangoes, avocados, a wide variety of citrus fruits, longstemmed roses and spray carnations.
The share of agricultural product of the GNP declined from 11 percent to 2.6 percent between 1950 and 2008, and the proportion of agricultural exports decreased from 60 percent to less than 2 percent of total exports. This, despite an absolute increase of annual exports from $20 million in 1950 to $1.2 billion in 2009 due, inter alia, to the widespread introduction of innovative farming methods, modern irrigation and water treatment technologies, and export-oriented farming.
Construction

In the early years of statehood, residential building accounted for 84 percent of total construction output. Subsequently, allowing for more infrastructure construction, it fluctuated between 70-75 percent until 1991, when it leaped back to 86 percent in order to meet the demands of renewed immigration. As a result, the construction sector output also rose sharply in 1991, a year when the number of apartment-unit-starts reached an all time peak of 83,500. Since then that annual figure has dropped steadily to 29,000 in 2004. The record number of new apartments completed was 70,100 in 1992, shrinking to 31,700 in 2005. Once considered a leading branch of the economy and a barometer of the economic activity, the construction sector contributed only 5 percent to the GDP in 2006, down from 30 percent in 1950.
While at first almost all construction was the result of government initiative and investment, between 1958 and 1989 its share fell gradually, from 67 to 16 percent. At the beginning of the 1990s it rose temporarily, when the private sector could not meet the fast-rising demand created by the sudden influx of hundreds of thousands of immigrants. In the last few years the general rise in the standard of living (together with foreign demand for property in Israel) seems to be indicated by a rapid increase in the most expensive class of apartments, especially in highly sought-after neighborhoods in cities such as Tel Aviv and Jerusalem.
Israeli companies are among the world leaders in the design and manufacture of building metal structures, prefabricated parts and components - such as doors, windows, sanitary equipment, plumbing components, fixtures and accessories, and more. These goods are successfully marketed worldwide and may be found at major construction sites on all continents.
Transport and Communications

The importance of the transport and communications sector largely exceeds its small share in the economy's statistics, as it is an infrastructure industry serving all other branches of the economy as well as households. It is a service rather than a production sector, and is growing - as is the case in all modern economies - faster than the production industries. A remarkable growth in the aviation part of this sector took place in recent years (thanks to a parallel increase in tourism), but the growth of the communications sector has been even faster.
Transport and communications contributed 7 percent to the GDP in 2006, constituted some 8 percent of exports of goods and services, and employed 5 percent of the country's labor force. Thirty-six percent of its product originates from land transportation, 20 percent from shipping and aviation, 39 percent from communications, and the rest from various services.
Since the early 1950s, the total gross tonnage of the merchant fleet has grown more than tenfold, while air carriers now fly more than 100 times as many passengers. During the same period, the road length was doubled, the number of buses more than tripled, and the number of trucks increased tenfold.
Jerusalem: Jazz band in Nahalat Shiv'a (Photo: Ministry of Tourism)
Jerusalem: Jazz band in Nahalat Shiv'a (Photo: Ministry of Tourism)
Tourism

Tourists are attracted by Israel's geographical diversity, its archeological and religious sites, the almost unlimited sunshine and modern resort facilities on the Mediterranean, Lake Kinneret (Sea of Galilee), the Red Sea, and the Dead Sea.
In the year 2000, the largest number of tourists ever - 2.41 million - visited the country (compared to 33,000 in 1950, 118,000 in 1960, 441,000 in 1970, 1.18 million in 1980, and 1.34 million in 1990). This figure was topped in 2008 as Israel opened its doors to more than 3 million tourists.
Visitor figures continue to rise. In the first half of 2010, 1.6 million tourists visited Israel, 39 percent more than in the same period last year, and 10 percent more than in 2008. Americans make up 21 percent of the tourists in Israel, with Russians making up 15 percent and other European countries making up much of the rest.
Tourism provided foreign currency earnings of $2.8 billion in 2006, i.e. 5 percent of the income from all exports and 16.8 percent of the export of services. In the first half of 2010, incoming tourism brought in about $1.55 billion.
Although this industry contributes less than 3% to the GNP, it has a foreign currency added value of 85 percent (making it the added-value leader among the country's export industries) and employs some 80,000 persons. This industry's large potential is yet to be exploited, as it is a major factor in Israel's economic growth plan.



Um país para chamar de seu

Nas Entrelinhas - Alon Feuerwerker
Correio Braziliense - 19/05/2011
http://clippingmp.planejamento.gov.br/cadastros/noticias/2011/5/19/um-pais-para-chamar-de-seu
 
Quem tem um país para chamar de seu acaba tangido a cuidar dele. Quem não tem, ou está ameaçado de perdê-lo, acaba tentado a escorregar para os descaminhos da história. A achar que a solução dos próprios problemas está em desgraçar a vida de alguém

O rolo entre Israel e Palestina, cuja temperatura volta a subir, é apenas o mais visível entre algumas histórias inacabadas da Segunda Guerra Mundial. Índia e Paquistão eram um só país e viraram dois, com a independência diante do Império Britânico.

Mais ou menos na mesma época, Londres entregou à ONU o destino do território entre o Jordão e o Mediterrâneo. Pela incapacidade de controlar o conflito entre os nacionalismos árabe e sionista.

O fim da Segunda Guerra Mundial desencadeou forte ciclo descolonizador, que se concluiu três décadas depois com o colapso do império português na África. No Oriente Médio, esse ciclo produziu também a fundação de Israel.

A União Soviética foi a potência decisiva para que a ONU permitisse a independência israelense. Os Estados Unidos seguiram a reboque e o Império Britânico lavou as mãos.

A tese de Israel ser um “empreendimento colonial” não consegue explicar esse detalhe. A União Soviética de Joseph Stálin era um vetor anticolonial.

É verdade que durante a Primeira Guerra Mundial o Império Britânico se declarou favorável à criação de um lar nacional judeu naquele pedaço do mundo. É verdade também que a partir dos anos 1920, e especialmente dos 1930, Londres fez o que pôde para conter a imigração judaica, diante das pressões crescentes do nacionalismo árabe.

E fez isso apesar das ameaças — afinal concretizadas — de genocídio contra os judeus na Europa.

Essa história é bem conhecida, ainda que de tempos em tempos haja tentativas de falsificação. Como é conhecido também que os judeus aproveitaram a resolução da ONU de 1947 que dividia em duas a área do mandato britânico, para criar um estado nacional.

Os árabes não aceitaram a divisão, não fundaram seu próprio país e preferiram apostar numa ofensiva militar conjunta para conseguir no campo de batalha o que não haviam alcançado na ONU. Impedir a fundação de Israel.

Mas o destino daquela primeira guerra árabe-israelense de 1948-49 caminhou ao contrário. Israel acabou ampliando o território para além das fronteiras estabelecidas pela ONU. Uma lógica que se repetiria depois.

Em 1949 um armistício estabilizou o front em linhas que seriam novamente mudadas em 1967, também em desfavor do lado árabe e também em consequência de uma derrota militar.

A narrativa oficial israelense afirma que a população árabe deslocada no conflito de 1948-1949 moveu-se pela promessa de seus líderes de que quando os judeus fossem atirados ao mar todos voltariam para retomar o conjunto da área.

A narrativa oficial palestina afirma que o êxodo foi imposto manu militari pelas forças israelenses em avanço.

A verdade deve estar num ponto intermediário, e os historiadores têm buscado a resposta com mais intensidade a partir dos anos 1990.

Mas a história não se move por critérios de justiça derivados de documentos históricos. Na Europa, por exemplo, nunca se contestou a sério o esvaziamento da alemã Prússia Oriental durante a ofensiva final dos soviéticos em direção a Berlim em 1944-45. Nem a russificação do território prussiano, o coração da identidade alemã.

No fim, Konigsberg virou Kaliningrado, não sobraram alemães ali e hoje a área é um pedaço da Rússia encravado a oeste dos países bálticos, já que a URSS não existe mais.

Os alemães da Prússia Oriental (os sobreviventes) foram absorvidos no que ficou da Alemanha após a derrota final do Terceiro Reich. Hoje a Alemanha acha mais importante manter a paz com a Rússia do que reivindicar a retomada do que ficava do lado de lá do corredor polonês.

A paz entre russos e alemães tem sido estável, assim como tem havido alguma estabilidade nas relações entre indianos e paquistaneses, apesar das rusgas periódicas. Neste caso, a paridade nuclear funciona bem.

Pois cada um tem seu país. Quem tem um país para chamar de seu acaba tangido a cuidar dele. Quem não tem — ou está ameaçado de perdê-lo — acaba tentado a escorregar para os descaminhos da história. A achar que a solução dos próprios problemas está em desgraçar a vida de alguém.

É a receita da guerra sem fim.

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