El miércoles y jueves de esta semana se reunirán en Buenos Aires los ministros de Agricultura de los países que integran el G-20. Los ministros de Economía, Amado Boudou, y de Agricultura, Julián Domínguez, en conjunto con el titular de la cartera de Agricultura de Francia, Bruno Le Maire, país que ostenta la presidencia del G-20, son los anfitriones de este evento. Con la participación de organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, Cepal, FAO, entre otros) tratarán los desequilibrios que provoca el alza de los precios de las materias primas, en especial el de los alimentos. El G-20 está integrado por la Unión Europea, los países del Grupo de los Ocho (Estados Unidos, Alemania, Canadá, Japón, Italia, Reino Unido, Francia y Rusia), Corea del Sur, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudita, Turquía y Sudáfrica. El alza de los alimentos está generando presiones inflacionarias y tensiones sociales por la caída del poder adquisitivo de la población, que fue uno de los disparadores de las revueltas populares en naciones árabes. Países centrales liderados por Francia e instituciones multilaterales orientan la responsabilidad de la suba de los alimentos hacia los países productores, planteando la necesidad de regular los precios y de eliminar restricciones (cupos de exportaciones, retenciones) al comercio internacional. Esa posición, como gran parte de las iniciativas que impulsan las potencias del G-20, apunta a proteger a los máximos exponentes del sistema financiero global. Más allá de líneas discursivas y maquillaje en normas regulatorias impulsadas por el G-20 y el FMI, el funcionamiento de las finanzas no se ha alterado y continúa siendo el principal perturbador de la estabilidad de las economías en el mundo. También en el mercado de alimentos.“La oferta de alimentos del mundo no sólo tiene que enfrentarse a las limitaciones de la oferta y a los aumentos de la demanda de grano, sino también a el espurio mecanismo de alza artificial de los precios de los granos creado por la banca de inversión. De esa forma se ha consolidado un círculo perverso: cuanto más aumenta el precio de los alimentos, más dinero ganan los banqueros y más inflación se genera.”
Si bien existe una mayor demanda de commodities agropecuarios por la irrupción de China e India y la producción de biocombustibles, el fuerte incremento de los precios no tiene su origen solamente en deficiencias en la oferta, que a la vez ha registrado un sendero ascendente. La oferta y demanda en términos reales se desarrollan en tensión por esos cambios estructurales que explican el ciclo alcista de los granos. Pero la sobrerreación de la suba, que está generando una situación de inestabilidad social y pone en riesgo la soberanía alimentaria de muchos países, está motivada por un frenesí especulativo que los países dominantes del G-20 no tienen la intención de afectar. Lo que está pasando hoy con las materias primas de alimentos es una cuestión que viene determinada principalmente por los derivados financieros, y no por un tema de oferta y demanda de los bienes.
La intervención de bancos de inversión de Wall Street en el mercado de las materias primas es la causante de la agudización de desequilibrios globales, que en el tema de los alimentos se traduce en un mayor porcentaje de población que padece hambre en el mundo. En 1991, la banca Goldman Sachs diseñó un nuevo producto de inversión denominado derivado financiero, que consistía en un índice que reunía a 24 productos básicos, desde metales preciosos y energía hasta café, cacao, carne, maíz, soja y trigo. Ese fue el puntapié inicial. Durante una década ese índice no fue un vehículo de especulación desenfrenada porque los financistas estaban de fiesta con acciones de las puntocom, con deuda de los países periféricos, con créditos hipotecarios (subprime). En 1999 la Commodities Futures Trading Commission abrió esa puerta al desregular los mercados de futuros. Desde es momento las bancas pudieron jugar en toda dimensión en los mercados de granos, plaza que era un reducto accesible para operadores vinculados con la producción y comercialización de granos.
El mercado de futuros de granos se instaló después de la Guerra Civil en Estados Unidos con el objetivo de proteger a los agricultores de los riesgos inherentes a esa actividad, además de buscar estabilidad en los precios de los alimentos. A lo largo de su historia, en ese mercado intervinieron los productores y el resto de los protagonistas de la cadena hasta el vendedor final de alimentos. Operadores que se dedican a comprar y vender granos. También participan los especuladores, que no producen ni consumen, ni le interesa comprar y vender el producto físico. Su meta es comprar barato y vender a un precio más alto. La intervención de ese especulador tradicional es el que genera un movimiento más intenso de ese mercado.
La irrupción de la banca de inversión de Wall Street en esa plaza incorporó un integrante de peso que alteró ese funcionamiento. Los índices que diseñaron con materias primas como activos subyacentes son indiferentes a la operatoria de compraventa de granos. Transformaron una inversión en productos básicos, que antes era competencia de especialistas del sector, en una opción financiera altamente especulativa. Ya no importaba la magnitud de la cosecha, los stocks de intervención, las existencias o los requerimientos de la demanda. Los financistas, para defender sus propias posiciones apostadas en esos índices, van realimentando con más fondos el ciclo alcista. A diferencia de los activos bursátiles, esas subas generan inflación por el incremento de los precios de los alimentos. La evolución del giro de ese negocio refleja esa intensidad: desde el 2000 ha aumentado en 50 veces la inversión en fondos de índices de productos básicos. Por caso, en 2003, el mercado de futuros contabilizaba un volumen de 13 mil millones de dólares, y en un solo mes (julio) de 2008 alcanzó los 318 mil millones de dólares. Este impresionante salto estuvo motorizado por la crisis financiera global, puesto que las bancas sobrevivientes gracias al salvataje dispuesto por los Estados volcaron sus excedentes al negocio de los commodities luego de provocar un desquicio con otros activos, como con las subprime. Desde entonces la inflación de los alimentos es una de las características de la economía mundial.
El casino global transfirió sus fichas a la mesa de juego de las materias primas agropecuarias. Entre 2005 y 2008 el precio mundial de los alimentos aumentó un 80 por ciento, y luego del shock por la caída de Lehman Brothers siguió subiendo hasta alcanzar máximos históricos en el primer trimestre de este año, según el relevamiento realizado por la FAO. El índice de Goldman Sachs ya no cotiza solo, sino que ese menú diseñado por bancas de inversión está integrado por otros 220 índices de todo tipo de materias primas. Esta configuración del mercado ha generado que “la oferta de alimentos del mundo no sólo tiene que enfrentarse a las limitaciones de la oferta y a los aumentos de la demanda de grano, sino también a este espurio mecanismo de alza artificial de los precios de los granos creado por la banca de inversión”, explica el especialista estadounidense Frederick Kaufman en el artículo “Cómo Goldman Sachs causó la presente crisis alimentaria”. De esa forma se ha consolidado un círculo perverso: cuanto más aumenta el precio de los alimentos, más dinero ganan los banqueros y más inflación se genera. En esa dinámica el poder se encuentra en el sistema financiero global y sólo la decisión coordinada de los países del G-20 puede empezar a ordenar ese desastre provocado por los banqueros. Habrá que detectar si los líderes de las potencias deciden enfrentar esa situación con una mayor regulación y firmeza para exigir transparencia en los mercados o continúan subordinados a una alianza con la banca que mantiene en zozobra sus economías.
Fuente: Página 12
Temas: Sistema alimentario mundial
Cómo creó Goldman Sachs la crisis alimentaria
No culpe del alza de los precios de los alimentos al apetito de los estadounidenses, a los crecientes precios del petróleo o a los cultivos modificados genéticamente. Wall Street tiene la culpa de los precios, que crecen en espiral, de los alimentos.
Sin duda la oferta y la demanda son importantes. Pero hay otra razón por la que los alimentos se han vuelto tan caros en todo el mundo: la codicia de Wall Street.
Fueron las mentes brillantes del Grupo Goldman Sachs las que comprendieron la simple verdad de que no hay nada más valioso que el pan nuestro de cada día. Y donde hay valor, hay dinero para ganar. En 1991, los banqueros de Goldman, liderados por su clarividente presidente Gary Cohn, crearon un nuevo tipo de productos de inversión, los derivados (1) que rastrearon 24 materias primas, desde metales preciosos y energía al café, el cacao, el ganado, el grano, los cerdos, la soja y el trigo. Luego ponderaron el valor de la inversión de cada producto, mezclando y combinando las partes en el cálculo y posteriormente redujeron lo que había sido una complicada recopilación de bienes reales a una fórmula matemática que podía expresarse en un único enunciado, conocido en adelante como el Índice de Materias Primas de Goldman Sachs (GSCI).
Sólo durante un decenio el GSCI se mantuvo como un instrumento de inversiones relativamente estático, ya que los banqueros estaban más interesados en lo riesgoso y en las Obligaciones de Deuda Garantizadas (CDO) que en algo que, literalmente, podían sembrar o cosechar. Luego, en 1999, la Comisión de Comercio de Materias Primas y Futuros desreguló el mercado de futuros. Y súbitamente los banqueros pudieron tomar a su gusto “posiciones largas” (2) en el mercado de granos, una posibilidad que, desde la Gran Depresión, estuvo reservada sólo para los que tuvieran algo que ver con la producción de nuestros alimentos.
Así llegó el cambio a las grandes bolsas de granos de Chicago, Minneapolis y Kansas City que, durante 150 años, habían ayudado a moderar las alzas y las bajas en los precios globales de los alimentos. Porque la agricultura puede parecer bucólica, pero es una actividad intrínsecamente volátil, sometida a las vicisitudes del clima, las enfermedades y los desastres. El sistema de “comercio de granos a futuro”, promovido después de la guerra civil estadounidense por los fundadores de Archer Daniels Midland, el general Mills y Pillsbury, ayudó a situar a Estados Unidos como un gigante financiero para rivalizar con Europa y finalmente superarla. Las bolsas de granos también protegieron a los agricultores y molineros estadounidenses de los riesgos inherentes a su actividad. La idea básica era “el contrato a término”, es decir un acuerdo entre vendedores y compradores de trigo para fijar el precio razonable de una fanega, aún antes de que dicha fanega se cultivase. Esto no sólo ayudó a que el “precio futuro” del grano mantuviera estable el precio de la barra de pan en la panadería –y después en el supermercado- sino que además los mercados financieros a futuro permitían a los agricultores protegerse de los períodos de vacas flacas e invertir dinero en sus granjas y negocios. El resultado de esto fue que durante el siglo XX el precio real del trigo disminuyó (a pesar de uno o dos pequeños sobresaltos, en particular durante la espiral inflacionaria de los años 70), estimulando el desarrollo de la agroindustria estadounidense. Y después de la segunda Guerra Mundial los Estados Unidos produjeron rutinariamente un exceso de granos que se convirtió en un elemento esencial de sus estrategias políticas, económicas y humanitarias durante la Guerra Fría, para no mencionar el hecho de que el grano estadounidense alimentó a millones de personas hambrientas de todo el mundo.
Los mercados de futuros, tradicionalmente, incluían a dos clases de participantes: Por un lado estaban los agricultores, los molineros y los almaceneros, es decir los integrantes del mercado que tienen un interés verdadero, físico, en el trigo. Este grupo no sólo comprendía a los cultivadores de maíz en Iowa o a los agricultores de trigo en Nebraska, sino también a las principales corporaciones multinacionales como Pizza Hut, Kraft, Nestlé, Sara Lee, Tyson Foods y McDonald's, cuyas acciones en la Bolsa de Nueva York subían y bajaban en función de su capacidad para llevar alimentos a precios competitivos a las ventanillas de los autos, a las puertas de las casas y a las estanterías de los supermercados. Estos participantes en el mercado se denominan “hedgers (3) de buena fe” porque realmente necesitan comprar y vender cereales.
Del otro lado estaban los especuladores. El especulador no produce ni consume el grano, la soja o el trigo, y no tendría un lugar para depositar las 20 toneladas de cereal que podría comprar en cualquier momento, si alguna vez se las entregasen. Los especuladores ganan dinero por medio de un comportamiento tradicional de las bolsas, por el “arbitraje” (4) de comprar barato y vender caro. Y, por regla general, los que estaban materialmente interesados en los “mercados de futuros de granos” dieron la bienvenida a sus bolsas a esos especuladores tradicionales los cuales, con su interminable flujo de órdenes de compra proporcionaban liquidez al mercado y facilitaban a los “hedgers” auténticos una manera de manejar los riesgos, permitiéndoles vender y comprar a su gusto.
Pero el índice de Goldman pervirtió la simetría de este sistema. La estructura del GSCI no hizo caso del antiguo modelo de comprar-vender/vender-comprar. Este novedoso producto derivado implica sólo “posiciones largas”, lo que significa que se diseñó para comprar materias primas y sólo para comprarlas. En el fondo de esta estrategia de “posiciones largas” se advierte la intención de transformar una inversión en materias primas (antes un ámbito especializado) en algo muy parecido a una inversión en acciones, la clase de activo en el que cualquiera podría depositar su dinero y dejarlo acumularse durante décadas (del tipo de General Electric o Apple). Una vez que el Mercado de Materias Primas se había transformado para parecerse a la Bolsa, los banqueros podían esperar la nueva afluencia de dinero en efectivo. Pero la estrategia de “posiciones largas únicamente” tenía un defecto, al menos para aquellos de nosotros que comemos. El GSCI no incluía un mecanismo para vender una materia prima, es decir, una “posición corta" (5).
Este desequilibrio socavó la estructura esencial de los mercados de materias primas, exigiendo a los banqueros comprar y seguir comprando, sin importar el precio. Y cada vez que se aproxima el vencimiento de una “posición únicamente larga” en un contrato de futuros del índice de materias primas, los banqueros se verán obligados a “desplazar” sus miles de millones de dólares en órdenes de compra pendientes hacia el siguiente contrato de futuros, dos o tres meses hacia adelante. Y como el impacto deflacionario de las “posiciones cortas” simplemente no forma parte del GSCI, los comerciantes profesionales de grano pudieron forrarse anticipando las fluctuaciones del mercado que estos “desplazamientos” causarían inevitablemente. “Me gano la vida con dinero tonto” (6) dijo a Businesseeek el corredor de bolsa en materias primas Emil van Essen el año pasado.
Los corredores de bolsa de materias primas empleados por los bancos que habían creado los fondos de Inversión en Materias Primas, fueron los primeros en subirse a la oleada de ganancias.
Los banqueros reconocieron un buen sistema en cuanto lo vieron, y docenas de “hedgers” especulativos sobre bienes no reales siguieron el ejemplo de Goldman uniéndose al juego de los índices de materias primas. Esto incluía al Barclays, Deutsche Bank, Pimco, JP Morgan Chase, AIG, Bear Stearns y Lehman Brothers, por nombrar sólo a algunos proveedores de Fondos de Inversión en Materias Primas. De tal manera, el escenario ya estaba dispuesto para la inflación alimentaria que tarde o temprano tomaría por sorpresa a las molineras más grandes, a las plantas de procesamiento y las corporaciones de venta minorista en los Estados Unidos y desparramaría ondas sísmicas por todo el mundo.
El dinero nos cuenta lo que ha sucedido. Desde la explosión de la burbuja tecnológica en el año 2000, se ha incrementado 50 veces la cantidad de dólares invertidos en los Fondos de Inversión en Materias Primas. Para plantear el fenómeno en su verdadera dimensión, en 2003 el mercado de futuros de materias primas estaba en el orden de unos tranquilos 13.000 millones de dólares. Pero cuando a principios de 2008 la crisis global financiera puso a correr a los inversionistas nerviosos, que desconfiaban del dólar, de la libra y de los euros, las materias primas -incluyendo los alimentos- parecieron el último y mejor refugio para depositar el dinero en efectivo de los fondos de cobertura, de los fondos de pensiones y de los fondos soberanos de inversión. “De repente aparecieron personas sin ninguna idea de lo que eran las materias primas que compraban materias primas”, me dijo un analista del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. En los primeros 55 días de 2008, los especuladores volcaron 55.000 millones de dólares en los mercados de materias primas y hacia julio, 318.000 millones de dólares agitaban los mercados. La inflación alimentaria ha permanecido estable desde entonces.
El dinero fluía y los banqueros estaban listos con el nuevo y deslumbrante casino de los derivados de alimentos. Encabezados por los precios del petróleo y del gas (las materias primas dominantes en el índice de esos fondos de inversión) los nuevos productos inflamaron los mercados de todas las demás materias primas incluidas en el índice y condujeron a un problema familiar para los que conocían la historia de los tulipanes, de los puntocoms y de los bienes inmuebles baratos. Es decir, que condujeron a una burbuja alimentaria. El trigo duro de primavera que, por lo general, se negociaba entre los 4 y los 6 dólares el bushel de 60 libras, rompió todos los récords anteriores y los contratos de futuros subieron hasta superar los 25 dólares. Y así, desde 2005 hasta 2008, los precios mundiales de los alimentos subieron un 80% y siguen subiendo. “No tiene precedentes la cantidad de capital de inversión que hemos visto en los mercados de materias primas, me dijo Kendell Keith, Presidente de la Asociación Nacional de Granos y Alimentos. “No hay duda de que hubo especulación”. Y en una nota informativa publicada recientemente Olivier De Schutter, Relator Especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, concluía que en 2008 “una parte significativa del aumento de los precios se debe a una burbuja especulativa”.
¿Que ha estado sucediendo en los mercados de granos que no fuera el resultado “de la especulación” en el sentido tradicional de comprar barato y vender caro? Hoy el índice acumulativo Standard & Poors GSCI proporciona 219 índices distintos en las "teleimpresoras" y los inversionistas pueden arrancar sus “terminales Bloomberg” y apostar por cualquier materia prima, desde el paladio al aceite de soja, de los biocarburantes al pienso para ganado. Pero el auge de nuevas oportunidades especulativas en los granos a nivel global, en el aceite alimentario y en los mercados de ganadería ha creado un círculo vicioso. Cuanto más aumenta el precio de las materias primas de alimentos, más dinero se invierte en ese sector y los ya elevados precios siguen subiendo. De hecho, desde 2003 hasta 2008, el volumen de especulación de “index funds” (7) aumentó el 1.900%. “Lo que experimentamos fue un choque de demanda originado en una nueva categoría de participantes en los mercados de futuros de materias primas”, declaró ante el Congreso Michael Masters, miembro de un Fondo de Cobertura, en medio de la crisis alimentaria de 2008.
El resultado de la incursión de Wall Street en los granos, en los alimentos y en la ganadería ha sido un shock para la producción global de alimentos y el sistema de distribución. No sólo hace que la provisión mundial de alimentos tenga que luchar contra un suministro restringido y un incremento de la demanda de granos de verdad, sino que además los bancos de inversión han planteado un alza artificial de los precios de los granos a futuro. El resultado: El trigo “virtual” domina el precio del trigo “real” ya que los especuladores (usualmente un quinto del mercado) ahora superan en cuatro a uno a los hedgers auténticos.
En la actualidad los banqueros y los corredores de bolsa se sientan en la parte superior de la cadena alimentaria –son los carnívoros del sistema que devoran a todo el mundo y a todo lo que esté debajo de ellos-. Cerca de la parte inferior, el agricultor trabaja duro. Para él la subida del precio del grano debería haber sido un golpe de suerte, pero la especulación también ha creado alzas en todo lo que el agricultor tiene que comprar para hacer crecer su grano -desde las semillas hasta los fertilizantes y el combustible diesel-. Y, en el fondo de todo, se encuentra el consumidor.
El estadounidense promedio, que gasta aproximadamente del 8 al 12% de su salario semanal en alimentos no siente inmediatamente la crisis del aumento de los precios. Pero para los casi 2.000 millones de personas en todo el mundo que gastan más del 50 por ciento de sus ingresos en alimentos, los efectos han sido abrumadores: 250 millones de personas se unieron a las filas de los hambrientos en 2008, con lo que el total mundial de víctimas de la inseguridad alimentaria ha llegado a un máximo mil millones, un número nunca visto.
¿Cuál es la solución? La última vez que visité la Bolsa de Granos de Minneapolis, pregunté a un puñado de corredores de trigo qué sucedería si el gobierno de EE.UU. simplemente prohibiera a los bancos de inversión las posiciones “únicamente largas” en los productos alimenticios. Su reacción fue reírse. Unas llamadas telefónicas a unos aseguradores de riesgos auténticos como Cargill y Archer Daniels Midland y, después de un intercambio secreto de activos, la participación de un banco en el mercado de futuros es indistinguible de la de un comprador internacional del trigo. ¿Qué pasa si el gobierno prohíbe todos los productos derivados con posición únicamente largas?, les pregunté. Una vez más, risas. El problema se resuelve con otra llamada telefónica, esta vez a una oficina comercial en Londres o en Hong Kong, ya que los nuevos mercados de derivados de alimentos han alcanzado proporciones supranacionales, más allá del alcance de la ley soberana.
La volatilidad de los mercados de alimentos también ha desperdiciado la que podría haber sido una gran oportunidad de cooperación global. Cuanto más alto fuera el precio del maíz, de la soja, del arroz y del trigo, mayor debería ser la cooperación de las naciones que producen granos en el mundo para asegurar que las naciones asustadas (y generalmente más pobres) que deben importar granos no sufran el contagio cada vez más dramático de la inflación alimentaria y de la agitación política. En cambio los países, nerviosos, han respondido más bien con políticas de “yo primero”, de la prohibición de exportar al acaparamiento de cereales y la neo-mercantilista apropiación de tierras en África. Y los esfuerzos de los activistas preocupados o de las agencias internacionales para contener la especulación de granos no han servido para nada. Constantemente los fondos indexados de materias primas siguen prosperando, los banqueros se embolsas las ganancias y los pobres del mundo se tambalean al borde del hambre.
Traducido para Rebelión por Jorge Aldao y revisado por Caty R.
Notas del traductor
(1) Derivados Un derivado financiero o instrumento derivado es un producto financiero cuyo valor se basa en el precio de otro activo, de ahí su nombre. El activo del que depende toma el nombre de activo subyacente, por ejemplo el valor de un futuro sobre el oro se basa en el precio del oro. Los subyacentes utilizados pueden ser muy diferentes, acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o también materias primas.
(2) Posiciones Largas. En el contexto de la nota se dan cuando se ha comprado un “futuro” y queda abierta una posición en el mercado que todavía no se ha cerrado o compensado.
(3) Hedger En el mercado de futuros, persona que hace la cobertura, es decir, que mantiene una posición abierta en el mercado al contado y recurre al mercado a plazo (tomando la posición contraria) para reducir el riesgo de fluctuación entre los precios.
(4) Arbitraje: Son transacciones simultáneas en dos o más mercados con el fin de obtener un beneficio de una discrepancia de precios entre los dos mercados.
(5) Posición Corta: cuando se ha vendido un “futuro” y queda abierta una posición en el mercado que todavía no se ha cerrado o compensado.
(6) Dinero tonto: Término utilizado también para referirse al dinero del público en general y se utiliza para diferenciarlo del “smart money” o “dinero inteligente”, el cual supuestamente es el que mueven los profesionales en finanzas o inversionistas especializados o con conocimientos del mercado.
(7) Index Funds, fondos de inversión con carteras que rastrean diversos índices, en este caso, los Índices de Materias Primas.
Fuente: Foreing Policy
Una especulación criminal
http://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/Una_especulacion_criminal
Según un informe de Lehman Brothers, la inversión especulativa en alimentos ha pasado de 13.000 millones de dólares en 2003 a 260.000 millones en 2008. La crisis de alimentos de ese año fue provocada, sin la menor duda, por el especulativo y salvaje aumento del precio de alimentos básicos, no por malas cosechas ni porque indios y chinos consumieran más alimentos que antes.
Trigo o maíz subieron de media un 25%, hubo revueltas en cuarenta países y más de 130 millones de personas pasaron a engrosar la legión de hambrientos. En 2007 se había logrado reducir los desnutridos del mundo a 850 millones, pero gracias a la especulación alimentaria ya son 1.100 millones.
El precio de los alimentos se marca con los llamados contratos de futuro, que se compran y venden durante un tiempo decenas de veces, especulando con la subida y bajada del precio. Aunque nadie busca en realidad comprar esos alimentos, solo especular, denuncia Veterinarios sin Fronteras. Por otra parte, multinacionales de alimentación como Bunge, Dupont, Cargill, ADM o Syngenta controlan más del 70% de la oferta de cereales y marcan los precios que les convienen para obtener miles de millones de beneficios. Mientras Goldman Sachs, JP Morgan, Bank of America, Santander, BBVA, Deutsche Bank... especulan con el precio de los alimentos y presentan esa inversión especulativa como sector seguro y rentable.
Pero hablamos de un derecho humano indiscutible: el derecho a la vida, a una existencia digna. Y pobreza y hambre no permiten vivir con dignidad. Por eso Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, denuncia que “es un despropósito que el precio de los alimentos sea fijado por la Bolsa. Deben ser retirados de la especulación”.
Ziegler insiste en que “los alimentos han de ser declarados bien público y su precio fijado por negociaciones entre países productores y países consumidores. El sistema para poder hacerlo lo elaboró la UNCTD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), pero las grandes corporaciones multinacionales han logrado descartarlo”.
Según denuncia el “Movimiento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra” (MST) de Brasil y la internacional Vía Campesina, las causas de la subida del precio de los alimentos son el control oligopólico que unas pocas empresas mantienen sobre el comercio mundial de trigo, maíz, arroz, soja, leche…, más la especulación de grandes inversores en las bolsas de productos agrícolas. Más la pura especulación financiera, porque los bancos invierten en alimentos, más seguros que las acciones. Más las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, puestos bajo el control de las empresas multinacionales. Más la obsena postura de la Organización Mundial del Comercio que transformó los alimentos en mera mercancía...
Ziegler denuncia que “son las estructuras del orden criminal del mundo las que fabrican la masacre cotidiana del hambre. Estructuras criminales como la exportación de productos a precio mucho más bajo que en el propio país, tal como hace la Unión Europea, que exporta productos agrícolas a África a precios muy bajos y destruye la agricultura africana. Y también es una estructura criminal la especulación bursátil de los grandes hedge funds (los fondos buitre) con el arroz, trigo, maíz y mijo, los alimentos básicos del mundo”.
Para Heiner Flassbeck, economista jefe en la UNCTD, la actual subida acelerada de precios de los alimentos es tan peligrosa como la de 2008. Y la causa principal continúa siendo la misma: la especulación: “Los mercados de materias primas agrícolas no pueden encontrar ya precios adecuados, porque han sido pervertidos por los aventureros financieros”, afirma Flassbeck, convencido de que la comunidad internacional debe intervenir para eliminar las burbujas de materias primas alimenticias antes de que sea demasiado tarde.
Como decía Gandhi, “el hambre es un insulto; humilla, deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe”. Y Juan Torres remacha que “la pobreza no es una desgracia ni el hambre, un desastre natural. Pobreza y hambre son una infamia, un verdadero crimen organizado”. Por eso, si nuestro mundo no hubiera retrocedido en democracia y justicia en los últimos veinte años de imposición del neoliberalismo, los especuladores de alimentos y sus cómplices estarían en la cárcel, convenientemente procesados, juzgados y condenados.
Xavier Caño Tamayo
La crisis alimentaria golpea de nuevo
Esther Vivashttp://www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Documentos/La_crisis_alimentaria_golpea_de_nuevo
La especulación alimentaria y la 'petrodependencia' como detonantes.
La amenaza de una nueva crisis alimentaria es ya una realidad. El precio de los alimentos ha vuelto a aumentar alcanzando cifras récord, en una escalada creciente y consecutiva de precios desde hace ocho meses, según informa el Índice de la FAO para los Precios de los Alimentos de febrero de 2011, que analiza mensualmente los precios a escala global de una cesta formada por cereales, oleaginosas, lácteos, carne y azúcar. El Índice apunta a un nuevo máximo histórico, el más elevado desde que la FAO empezó a estudiar los precios alimentarios en 1990.
Este aumento del coste de la comida, sobre todo de los cereales básicos, tiene graves consecuencias para los países del Sur con bajos ingresos y dependencia de la importación alimentaria así como para millones de familias, en estos países, que destinan entre un 50 y un 60% de sus ingresos a la compra de alimentos, cifra que puede llegar hasta un 80% en los países más pobres. En estos casos, el aumento del precio de los productos alimentarios los convierte en inaccesibles.
Nos volvemos a acercar a la cifra de mil millones de personas, una de cada seis en el planeta, que hoy no tienen acceso a la comida. El propio presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, lo dejaba claro al afirmar que la actual crisis alimentaria había hecho aumentar en 44 millones el número de personas que padecen hambre crónica. Hay que tener en cuenta que en el año 2009 ya se superó esta cifra, llegando a los 1.023 millones de personas subnutridas en todo el planeta, cifra que se redujo levemente en 2010, pero sin regresar a los índices anteriores a la crisis alimentaria y económica de 2008 y 2009.
La presente crisis se da en un contexto de abundancia de alimentos. La producción de comida se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial tan sólo se ha duplicado desde entonces. Por lo tanto, de comida hay. No se trata de un problema de producción sino de un problema de acceso a los alimentos, a diferencia de lo que puedan afirmar las instituciones internacionales (FAO, BM, OMC), que instan a aumentar la producción a través de una nueva revolución verde, la cual no haría más que agravar la crisis alimentaria, social y ecológica que enfrentamos.
Las revueltas populares
Las revueltas populares en el Norte de África y en Oriente Medio tuvieron entre sus múltiples detonantes la escalada del precio de los alimentos. En diciembre de 2010, en Túnez, las capas más pobres de la población ocupaban la primera línea del conflicto exigiendo, entre otros, acceso a la comida.
En enero de 2011, jóvenes manifestantes en Argelia cortaban carreteras, quemaban tiendas y atacaban estaciones de policía para protestar por el aumento del precio de los productos básicos. Casos similares se han vivido en Jordania, Sudán y Yemen. Y no debemos olvidar que Egipto es el primer importador de trigo del planeta, dependiente de la importación alimentaria.
Evidentemente a este malestar hay que añadir otros: altas tasas de desempleo, falta de libertades democráticas, corrupción, déficit de viviendas y servicios básicos, etc. que constituyeron el núcleo duro de las revueltas. De todos modos, la subida del precio de los alimentos fue uno de los detonantes iniciales.
Una causa central
Pero, ¿cuáles han sido las causas de este nuevo aumento del coste de la comida? A pesar de que instituciones internacionales y expertos en la materia han señalado varios elementos como: fenómenos meteorológicos que habrían afectado a las cosechas en países productores, el aumento de la demanda en países emergentes, la especulación financiera, la creciente producción de agrocombustibles, entre otros; varios indicios apuntan a la especulación con las materias primas alimentarias como una de las razones principales de la escalada del precio de la comida.
De hecho, en el periodo 2007 y 2008 ya se vivió una crisis alimentaria profunda, con una subida del precio de los cereales como el trigo, la soja y el arroz, de un 130%, un 87% y un 74% respectivamente. Entonces, como hoy, diferentes fueron las causas indicadas, aunque destacaban el aumento de la producción en agrocombustibles y las crecientes inversiones especulativas en los mercados de futuros alimentarios. Pero este aumento del precio de la comida se estancó el año 2009, en parte, probablemente, debido a la crisis económica y la disminución de la especulación financiera.
A mediados de 2010, una vez apaciguados los mercados financieros internacionales, y con cuantiosas sumas públicas inyectadas a la banca privada, la especulación alimentaria golpeaba de nuevo y el precio de los alimentos volvía a subir. Para "salvar a la banca", tras el estallido de la crisis financiera de 2008-2009, se calcula que los gobiernos de los países ricos aportaron un total de 20 billones de dólares para apuntalar al sistema bancario y rebajar las tasas de interés.
Con esta entrada de dinero, los especuladores se vieron incentivados para pedir nuevos préstamos y comprar mercancías que previsiblemente aumentarían rápidamente de valor. Los mismos bancos, fondos de alto riesgo, etc. que causaron la crisis de las hipotecas subprime son, actualmente, los responsables de la especulación con las materias primas y el aumento del precio de la comida, aprovechándose de unos mercados globales de mercancías profundamente desregularizados.
La crisis alimentaria está íntimamente ligada a la crisis económica y a la lógica de un sistema que promueve, por ejemplo, unos planes de rescate en Grecia y en Irlanda, supeditando la soberanía de estos países a las instituciones internacionales como se supedita la soberanía alimentaria de los pueblos a los intereses del mercado.
Garantía o negocio
De hecho, siempre se ha dado una cierta especulación con el precio de los alimentos y esta lógica impera en el funcionamiento de los mercados de futuros, que, tal y como los conocemos actualmente, datan de mediados del siglo XIX, cuando empezaron a funcionar en Estados Unidos. Estos son acuerdos legales estandarizados para hacer transacciones de mercancías físicas en un tiempo futuro establecido previamente y han sido un mecanismo para garantizar un precio mínimo al productor ante las oscilaciones del mercado. [mas tem, também, o endividamento contraído durante e após a guerra de independência e de secessão; ao que parece, a dívida da União Norte-Americana chegou a três trilhões de dólares. Se não foi naquele momento, o mecanismo para obter liqüidez através do comércio do abastecimento já estava dado, conquanto o mercado para a indústria britânica de tecidos já havia posto a terra, produtora de fios de algodão, sob seus interesses.]
Para explicarlo en pocas palabras: el campesino vende a un comerciante la producción antes de la cosecha para protegerse de las inclemencias del tiempo, por ejemplo, y garantizarse un precio a futuro. El comerciante, por su parte, también, se beneficia. El año en que la cosecha va mal, el campesino obtiene buenos ingresos, y cuando la cosecha es óptima, el comerciante aún se beneficia más.
En la actualidad, este mismo mecanismo es empleado por los especuladores para hacer negocio aprovechando la desregulación de los mercados de materias primas, que fue impulsada a mediados de los años 90 en Estados Unidos y Gran Bretaña por bancos, políticos partidarios del libre mercado y fondos de alto riesgo, en el marco del proceso de desregulación de la economía mundial. Los contratos para comprar y vender comida se convirtieron en "derivados" que podían comercializarse independientemente de las transacciones agrícolas reales. Nacía, pues, un nuevo negocio: la especulación alimentaria.
Los especuladores, hoy, son quienes tienen más peso en los mercados de futuros, a pesar de que sus transacciones de compra y venta no tienen nada que ver con la oferta y la demanda real. En palabras de Mike Masters, gerente de Masters Capital Management, si en 1998 la inversión financiera con carácter especulativo en el sector agrícola era de un 25%, actualmente ésta se sitúa alrededor de un 75%. Estas transacciones se llevan a cabo en las bolsas de valores, la más importante de las cuales, a nivel mundial, es la bolsa de comercio de Chicago, mientras que en Europa los alimentos y las materias primas se comercializan en las bolsas de futuros de Londres, París, Ámsterdam y Frankfurt.
Un "depósito 100% natural"
El 2006/2007, inversores institucionales como bancos, compañías de seguros, fondos de inversión, entre otros, tras la caída del mercado de créditos hipotecarios de alto riesgo en Estados Unidos, buscaron lugares más seguros y con mayor rentabilidad, como las materias primas y los alimentos, dónde invertir su dinero. En la medida en que el precio de la comida subía, aumentaban las inversiones en los mercados de futuros de alimentos, empujando el precio de los granos al alza y empeorando la inflación en el precio de la comida.
En Alemania, el Deutsche Bank anunciaba ganancias fáciles si se invertía en productos agrícolas en auge. Y negocios similares proponía otro de los principales bancos europeos, el BNP Paribas. Pero no hay que ir tan lejos para encontrar ejemplos concretos.
Catalunya Caixa, antigua Caixa Catalunya, instaba, este enero de 2011, a sus clientes a invertir en materias primas bajo el lema "depósito 100% natural". ¿Y qué ofrecía? Una garantía del 100% del capital con posibilidad de obtener una rentabilidad de hasta el 7% anual. Y ¿cómo? En función, como indicaba en su publicidad, de "la evolución del rendimiento de tres materias primas alimentarias: azúcar, café y maíz". Para dar garantías de la alta rentabilidad, la publicidad no dudaba en señalar como la cotización de estos tres productos, los últimos meses, había aumentado en un 61%, un 34% y un 38% respectivamente, debido a "la demanda creciente que va a un ritmo superior a la producción "," por el incremento de la población mundial "y" su uso en agrocombustibles ".
Catalunya Caixa, pero, obviaba una información importante: la especulación alimentaria, que tan buenos réditos económicos da, aumenta el precio de los alimentos, los hace inaccesibles a amplias capas de población en países del Sur global y condena al hambre, a la miseria y a la muerte a miles de personas en estos países.
Dependencia del petróleo
Otro elemento que agudiza la crisis alimentaria es la fuerte dependencia del petróleo del actual modelo de producción y distribución de alimentos. De hecho, el aumento del precio del petróleo repercute directamente en una subida similar del coste de los alimentos básicos. En 2007 y 2008 tanto el precio del petróleo como el de los alimentos alcanzaron cifras récord. Entre julio de 2007 y junio de 2008, el petróleo crudo pasó de 75 dólares el barril a 140 dólares, mientras que el precio de los alimentos básicos aumentaba de 160 dólares a 225 dólares, según el Índice de la FAO para los Precios de los Alimentos.
Y es que la agricultura y la alimentación son cada día más 'petrodependientes'. Después de la 2ª Guerra Mundial y con la revolución verde, en los años 60 y 70, y con el supuesto de aumentar la producción, se apostó por un modelo de agricultura industrial e intensivo. El sistema agrícola y alimentario actual, con alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, con el uso de intensivo de maquinaria agrícola, de químicos, pesticidas, herbicidas y fertilizantes artificiales no subsistiría sin el petróleo.
El aumento del precio del petróleo así como la estrategia de diferentes gobiernos para combatir el cambio climático ha conducido, también, a una creciente inversión en la producción de combustibles alternativos, agrocombustibles, como el biodiesel y/o el bioetanol, elaborados a partir de azúcar, maíz u otros. Pero esta producción ha entrado en competencia directa con la producción de alimentos para el consumo siendo otra de las causas del aumento del precio de los alimentos.
El mismo Banco Mundial reconocía que cuando el precio del petróleo sobrepasa los 50 dólares por barril, entonces un 1% de incremento de su precio supone un 0.9% de aumento del precio del maíz, ya que "por cada dólar que el precio del petróleo aumenta la rentabilidad del etanol y, consecuentemente, la demanda de maíz para su elaboración también crece". Desde el año 2004, 2/3 del aumento de la producción mundial de maíz fueron destinadas a satisfacer la demanda norteamericana de agrocombustibles. En el año 2010, el 35% de la cosecha de maíz de Estados Unidos, que significa un 14% de la producción de maíz mundial, fue utilizada para producir etanol. Y esta tendencia va al alza.
Pero más allá de una serie de causas como la especulación alimentaria y el aumento del precio del petróleo que repercute en una creciente inversión en agrocombustibles, provocando una competencia entre la producción de cereales para el consumo o para la automoción, nos encontramos ante un sistema agroalimentario profundamente vulnerable y en manos del mercado. La creciente liberalización del sector en las últimas décadas, la privatización de bienes naturales (agua, tierra, semillas), la imposición de un modelo de comercio internacional al servicio de los intereses privados, etc. nos ha conducido a esta situación.
Mientras la agricultura y la alimentación sigan siendo consideradas una mercancía en manos del mejor postor, y los intereses empresariales prevalezcan por encima de las necesidades alimentarias y los límites del planeta, nuestra seguridad alimentaria y el bienestar de la tierra no estarán garantizados.
* Esther Vivas es autora "Del campo al plato. Los circuitos de producción y distribución de alimentos "(Icaria ed.). Artículo publicado en La Directa, n. 221.
Alimentos mais caros, e nas mãos de poucos. Dez empresas dominam mercado global e dificultam reação à alta de preços
Um punhado de grandes empresas domina os setores de alimentos, sementes, fertilizantes e transgênicos, no atacado e no varejo globais, agravando as dificuldades dos países de conter o impacto da disparada dos preços nas suas economias — a segunda em três anos — e reduzindo a sua capacidade de reação a crises.
Dados da ETC, organização especializada no acompanhamento de alimentos, indicam que apenas dez empresas — entre elas Cargill, Bunge, Louis Dreyfus e ADM — dominam o mercado mundial neste segmento. O grupo restrito concentra nada menos do que 67% das marcas registradas de sementes e 89% dos agroquímicos.
A reportagem é de Vivian Oswald e publicada pelo jornal O Globo, 20-02-2011.
Nem mesmo o Brasil, celeiro global, escapa da sina. Responsáveis por pouco mais de 7% de tudo o que o país exportou no ano passado, as quatro empresas figuram na lista dos 14 maiores exportadores do país: Bunge (3ª posição), Cargill (6ª ), Louis Dreyfus (7ª ) e ADM (14ª ). De acordo com a Confederação Nacional da Agricultura (CNA), o grupo controla o armazenamento de grãos do país e ainda condiciona o financiamento da produção e pesquisa, além da aquisição das plantações, à venda dos fertilizantes e defensivos agrícolas, segmentos que também dominam.
— Em março, vamos ver a força destas empresas. É o anúncio da safra dos Estados Unidos. Como são todas americanas (à exceção da Louis Dreyfus), diante do que sair lá, vão pautar o que temos de plantar aqui — disse a presidente da CNA, Kátia Abreu. [o porto determina o centro, c/p]
Grandes controlam exportação aqui e compras lá fora
As mesmas grandes tradings que exportam no Brasil são as empresas que compram, na outra ponta, no exterior, dominando todos os extremos da cadeia. Das 13 milhões de toneladas do último leilão de milho da Companhia Nacional de Abastecimento (Conab) para regular os preços da commodity no Brasil, 11,2 milhões foram comprados pelas grandes empresas.
O diretor de Assuntos Corporativos da Bunge, Adalgiso Telles, garante que as grandes empresas não têm o poder que se imagina e que os preços são ditados pelos volumes de oferta e demanda. Ele atribui as pressões recentes nos preços de alimentos às enchentes e secas pelo mundo e à alta da demanda de consumidores de países como Índia e China.
— Como podem ter controle de preços, se os lucros de empresas como a Bunge oscilam próximos de 1% do seu faturamento? — diz.
As três maiores redes de supermercados que operam no Brasil, Wal-Mart, Carrefour e Pão de Açúcar, que detêm cerca de 50% dos alimentos comercializados no país, também estariam pautando o que o consumidor brasileiro come, do campo à mesa, segundo o diretor de Política agrícola e Informações da (Conab), Silvio Porto. A maioria dá até as sementes que quer plantadas.
— Até pouco tempo, quase não se consumia manjericão e outros temperos frescos. Os supermercados nos pediram para plantar e tivemos que aprender a lidar com a planta. Depois, o pessoal tomou gosto. Eu mesma passei a fazer salada sempre com manjericão — diz a produtoraCarmelita Horn, que abastece grandes redes em Brasília.
Porto afirma que os grandes determinam uma espécie de padronização nos hábitos de consumo segundo os seus próprios interesses. Ao ignorar os regionalismos, sujeitam o país inteiro às oscilações de preços sem abrir margem para a substituição de produtos por iguarias locais, obrigando o consumidor do Nordeste ao Sul a consumir os mesmos itens. Elas também tiram do mapa a concorrência dos pequenos e médios mercados, aumentando ainda mais a dependência dos clientes.
Pão de Açúcar tem rede de 415 fornecedores
O vice-presidente Corporativo do grupo Pão de Açúcar, Hugo Bethlem, garante que não existe concentração no varejo brasileiro, diferentemente do que há na Europa, por exemplo. Segundo ele, é o cliente que dá as regras.
— As empresas não têm essa força. Dos 20 mil produtos novos lançados pela indústria por ano, apenas 2% têm mais de dois anos de vida útil — defendeu Bethlem.
Ele admitiu que o Pão de Açúcar foi pioneiro ao desenvolver 415 fornecedores de frutas, legumes e verduras, ajudando a escolher desde a semente a garantir que estão todos certificados.
— Isso garante a quantidade, a qualidade e o preço que o cliente quer — afirmou.
Outra grande falha apontada por todos os especialistas é o fato de a infraestrutura — ou a falta dela — nos países em desenvolvimento também estar concentrada nas mãos de alguns, oferecendo pouca concorrência e encarecendo de maneira significativa o custo dos transportes.
— Quando começamos a ver um processo extremamente significativo de concentração nos âmbitos dos insumos, grãos, produção, infraestrutura, varejo, atacado, sementes e químicos, é preocupante. É suicídio e perda total de controle por parte do Estado, que perde a capacidade de intervir — diz Porto.
A economista sênior da Organização das Nações Unidas para Agricultura e Alimentação (FAO), Concepción Calpe, explicou que a concentração não é o principal fator responsável pela alta dos preços, mas agrava o cenário e reduz as armas dos governos. Ela diz que o freio à alta de preços passa pelo aumento da produção e o investimento em tecnologia e inovação.
Preços estão no maior patamar desde 1990
Já a redução da volatilidade, diz, passa por uma maior regulação no mercado financeiro. Concepción garante que aumentar os estoques dos produtos não resolve os problemas mundiais e oferecem um custo muito alto para os países.
Números da FAO mostram que a inflação das commodities já supera aquela registrada em 2008, no auge da alta dos preços dos alimentos. O índice subiu em janeiro pelo sétimo mês seguido, registrando o maior patamar desde o início da série histórica, em 1990, a 230,7 pontos. De acordo com dados do Banco Mundial, o setor de alimentos e agrícola corresponde a 10% do PIB global, o que equivale a mais de US$4,8 trilhões.
Cargill, ADM e Dreyfus não comentaram o assunto. O Carrefour e o Wal-Mart também não.
Fuente: Instituto Humanitas Unisinos
Las causas del aumento de precios y de la crisis alimentaria en el mundo
Dentro del MST y de la Vía Campesina hemos producido buenos análisis, y no está demás reforzarlos. Por eso estamos compartiendo con Uds. nuestra opinión, como una especie de resumen sobre las causas del incremento de precios de los alimentos y de la crisis alimentaria que afecta a millones de seres humanos, más allá de los mil millones de hambrientos que ya pasan hambre todos los días, según la FAO.
En las últimas semanas han circulado diversos artículos y comentarios sobre la crisis del aumento de los precios de alimentos. La mayoría de los análisis son buenos. Aunque algunos quedan atrapados en la visión economicista de la oferta y demanda. O de algún problema de sequía o inundación en algún país, que de hecho no son la causa del aumento de precios de los alimentos.
1.- El control oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción.
2.- La especulación de grandes inversores en las bolsas de mercancías agrícolas ha convertido a los alimentos en meros papeles de negocios. Se comenta en los periódicos que ya están vendidas en las bolsas las próximas siete cosechas de soya del mundo. Éstas ya tienen dueño, como títulos de ventas.
3.- La especulación financiera: muchos bancos invierten sus capitales volátiles en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general.
4.- La producción agrícola de agrocombustibles, que tiene sus precios basados en el petróleo, termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura hacia arriba. Y así, debido al elevado precio del etanol, suben todos los productos agrícolas.
5.- El elevado costo de transformar millones de toneladas de cereales en proteína animal. O sea, las élites demandan cada vez más carnes, y por eso parte de la producción de vegetales, que podría ser consumida por la población, va para los animales y, por tanto, acaba incidiendo en el aumento del precio de las carnes.
6.- Las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, que los transfieren al control de las empresas transnacionales, también repercuten en el incremento de costos en el precio final.
7.- Las legislaciones ambientales de sanidad y certificados de patentes, implementados en el periodo de los gobiernos neoliberales para favorecer el control oligopólico de algunas empresas sobre la mayoría de los productos que exigen transformación industrial, les da poder para imponer precios.
8- La regla general impuesta por la OMC (Organización Mundial del Comercio) a partir de 1994, que transformó los alimentos en meras mercancías, que deben ser reguladas sólo por el mercado. Y como el mercado es controlado por las grandes empresas transnacionales, eso tiene efecto directo en el precio.
9- La introducción de la propiedad privada de las semillas transgénicas impone una nueva matriz tecnológica con costos de producción mayores y en beneficio de las mismas empresas que controlan el comercio, las semillas y los insumos agrícolas.
10. Hay una corrida de los capitalistas en general y de las grandes empresas hacia el hemisferio sur, para apoderarse de los recursos naturales: tierras, agua, lagos, reservas de madera, etc. y con eso van expulsando a las poblaciones nativas y los campesinos en general, e imponiendo la regla general del capital sobre los alimentos.
11- En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.
Como se ve, la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente. La soberanía alimentaria es la política de que cada pueblo, en su región, municipio y país, desarrolle condiciones para producir los alimentos que necesita para sobrevivir. Y que sólo exporte el excedente, y sólo importe lo que va más allá de su canasta básica en consonancia con sus hábitos alimenticios.
Además, todos los nutricionistas advierten que nuestra dieta alimentaria tiene que darse a partir de los alimentos producidos en los biomas donde vivimos. Eso es lo que garantiza energía saludable para la reproducción de todos los seres vivos, en su propio hábitat. Las empresas transnacionales están transformando el mundo en un único y gran supermercado, a base de soya y maíz.
Esperamos que las contradicciones que el movimiento del capital nos presenta cada día, nos ayude a conscientizar nuestra base y la sociedad en general, para los cambios necesarios, para un nuevo modelo de producción agrícola, en el Brasil y en el Mundo.
Esta es la tareita, por ahora!
Abrazos
Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile
Militantes del MST y de la Vía Campesina
(Traducción Minga Informativa de Movimientos Sociales)
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